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Perú:
Una posición definida ante Venezuela

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Gustavo Espinoza M. (*)

 

 

 
 

 

En materia diplomática, se entrecruza el destino de la gente. Maxim Litvinov fue un aristócrata ruso, hijo de banqueros que -enviado por Lenin- sirvió al régimen soviético en tareas Plenipotenciarias en Gran Bretaña. David Lloyd George, por el contrario, fue el hijo de un modesto Maestro rural, que se hizo abogado, desde donde inició una vertiginosa carrera política que lo llevó a ser Primer Ministro Británico y flemático Lord inglés.

Se cuenta que en una ocasión el británico sostuvo una animada plática con el soviético de origen polaco y le formulo una ingeniosa pregunta: ¿Dígame cómo se explica que Ud., acaudalado banquero y noble ruso, sea hoy embajador de un gobierno de obreros y campesinos, en tanto que yo, hijo de un maestro de escuela, haya llegado a ser miembro de la realeza y Primer Ministro de un gobierno capitalista como el británico?. Muy simple -fue la respuesta de Litnitnov- lo que ocurre es que Ud., y yo, hemos traicionado a nuestra clase.

La posición del presidente electo peruano Pedro Pablo Kuczynski en torno al proceso venezolano lo único que confirma, es que al contrario de Litnitov, que defraudó a los ricos para defender a los pobres, PPK no ha traicionado a su clase. Sigue siendo un neoliberal en toda la línea.

En su edición dominical correspondiente al 26 de junio, el diario "Expreso" –uno de los voceros más reaccionarios del Perú de hoy- hizo un "collage" con declaraciones de Pedro Pablo Kuczynski, y las tomó como una suerte de "declaración de guerra" contra Venezuela, tanto allí como en la entrevista que Andrés Oppenheimer le hiciera para la CNN.

Buscaron “Expreso” y la CNN, matar dos pájaros de un tiro: Atacar al Gobierno Bolivariano, y enfrentar prematuramente a la Izquierda con el nuevo presidente. No hay que caer en el juego. Kuzcynski está en contra del proceso emancipador latinoamericano, y nosotros nos identificamos con el mensaje del Libertador. El, lo supo, y nosotros también, antes del 5 de junio. Eso, entonces, no cambia nada.

Como en política las coincidencias no son casuales, la prensa derechista dio amplia difusión a declaraciones del parlamentario y dirigente aprista Javier Velásquez Quesquén, quien aseveró muy suelto de huesos que PPK debía “desprenderse” de “los aliados que votaron por él” y acercarse más bien a “los Partidos grandes y tradicionales”, vale decir, el Keikismo y el APRA. Visión completa, le llaman a eso.

En funciones de gobierno PPK –haciendo honor a su clase y probablemente sin saber quien fue Litvinov - no sólo hará declaraciones contrarias a la Patria de Bolívar; sino que promoverá iniciativas contra Caracas, al unísono con otros gobiernos conservadores de la región -Macri incluido-. En contra partida, nosotros, trabajaremos resueltamente en solidaridad con un proceso que afirma la soberanía venezolana y abre un derrotero por el que transitarán inexorablemente los pueblos de nuestro continente. En otras palabras, no seremos, tampoco, como David Lloyd George que abandonó a los pobres

Dijimos con antelación que más allá de las coincidencias puntuales que nos llevaran a votar como lo hicimos; de PPK, es difícil imaginar siquiera que “cambie” su opción política. Las declaraciones de su Primer Vicepresidente Martín Vizcarra aludiendo a una “Revolución Social” que sería impulsada desde el Ejecutivo, podrían reflejar una buena intención, o una inmensa ingenuidad; pero no nos conducirán a Puerto alguno.

La política exterior la concebimos, en efecto, como una de las dos áreas en la que tendremos diferencias sustantivas con el gobierno que se iniciará el próximo 28 de julio. La otra, será el área de la economía.

Desde nuestro punto de vista -y esta no es, lamentablemente, la opinión de todas las fuerzas progresistas de nuestro país- Venezuela vive hoy un proceso complejo y difícil, pero inevitable. Ocurre en todos los países en los que se ejecutan profundos cambios económicos y sociales que afectan los intereses, y el poder tradicional, de una clase dominante, y del Imperio. Así sucedió desde siempre –Revolución Francesa, incluida-: los cambios sociales no asoman en un pacífico edén, sino en el marco de un tempestuoso escenario en el que se enfrentan posiciones contrapuestas.

Los explotados, en todas partes, buscan acabar con el régimen de opresión que los agobia; y los explotadores procuran perpetuar su dominio a cualquier precio. Por eso, la confrontación entre unos y otros, no puede ser ni “pacífica” ni “civilizada”. Será siempre violenta. Es la lucha de clases que –aunque la nieguen los mojigatos- existe. Y es la rueda de la historia.

La violencia no necesariamente implica el uso de las armas. Se define en uno u otro sentido, por la correlación de fuerzas que asoma en el escenario social. Cuando los revolucionarios ganan la conciencia de la mayoría de la población, el cambio es audaz, rápido y violento. En cambio, cuando ocurre al revés, la reacción hace uso de métodos crueles e inhumanos. La experiencia de los pueblos, desde La Comuna de Paris hasta nuestros días, así lo acredita.

En Venezuela, un gobierno patriótico de corte antiimperialista busca transformar la sociedad para acabar definitivamente con la desigualdad y la injusticia, y abrir paso a una Sociedad Socialista.. Y quienes quieren perpetuar el inicuo régimen de explotación, hacen uso de todos los recursos para impedirlo. Eso explicó el “Golpe” de abril del 2002, la barbarie ejercida contra Chávez, las “huarimbas” y todas las acciones criminales desatadas por la sedición reaccionaria.

Pese a todas sus acciones, la “contra” no puede. Y no podrá, dar al traste con el régimen bolivariano que cuenta con un inmenso apoyo popular y con una definida simpatía continental. Si no fuera así, no se explicaría lo que hoy sucede en suelo Llanero. Desde hace 17 años la reacción se enfrenta y combate, pero no avanza un ápice en la concreción de sus propósitos.

Y eso ocurre no obstante que cuenta con el apoyo político, económico y material proporcionado por la potencia más poderosa del mundo: los Estados Unidos de Norteamérica; porque el pueblo mantiene sus banderas revolucionarias en alto; y por que la correlación de fuerzas en América no responde -pese a todo- a los anhelos de Washington, que ataca, bloquea, intimida y sanciona a Venezuela con todas las armas.

Todos recordamos como en 1961 el gobierno yanqui logró expulsar a Cuba de la OEA. Obtuvo esa medida, casi por unanimidad; y logró, adicionalmente, que casi todos los gobiernos del continente -salvo México- rompieran sus vínculos diplomáticos con la Habana. Hoy no puede usar ya esa ruta.

Recientemente, en la OEA el gobierno norteamericano y la “contra” venezolana sufrieron una apabullante derrota. Quisieron agredir a Venezuela e imponer contra ella la “Carta Democrática” para facilitar una intervención extranjera que ponga fin a la experiencia bolivariana. No pudieron. Ni siquiera la alianza de Macri con Temer y otros, pudo coronar ese objetivo. La OEA rechazó de plano cualquier injerencia en los asuntos internos de Venezuela y recordó: la “Carta Democrática”, no fue concebida para derrocar gobiernos legítimos, sino para combatir la sedición organizada contra ellos.

Por eso no es fácil derrotar al gobierno dentro, ni fuera de Venezuela. En el interior cuenta con el apoyo masivo de la población organizada. Y en el exterior, con gobiernos que aprecian la Auto Determinación de los Pueblos y la No Injerencia en los Asuntos Internos de los Estados. Ellos, regulan la convivencia en el escenario internacional.

Por lo demás, es claro que el Presidente Maduro fue electo en un Proceso Electoral Democrático y Participativo. Y debe cumplir su periodo Constitucional. El tener eventualmente un Parlamento adverso, no lo descalifica. Sostenerlo, sería sentar un precedente nefasto: aquí mismo podría usarse esa lógica para desconocer la autoridad de PPK: la mayoría Keikista, podría intentar derribarlo, si se afirmara la idea que “el Congreso decide”. Oppenheimer podría querer situarlo en ese escenario

Es posible que Kuczynski repare en ese peligro. No es ingenuo, ni tonto. “Fortalecer” al Congreso Venezolano seria abrir las compuertas para que para que transiten sus enemigos aquí, más adelante. Por eso, al margen de cuales fueren sus opiniones puntuales en torno al tema, tendrá que ser cuidadoso, y respetará el orden constitucional en la Patria de Bolívar. Es que más allá de sus concepciones de clase, está escrita la realidad concreta. Ella manda

(*) Colectivo de Direcciòn de Nuestra Bandera: http://nuestrabandera.lamula.pe

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