Un candidato marxista-leninista

Martín Guerra

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 Elías Rojas Paredes

 

 

 

 

Salimos del Teatro Municipal de Arequipa, tratando de ir lo más rápido posible, la reunión del Frente Amplio nos espera. En el camino le informo que su vida está programada a partir de las siete de la mañana, tiene varias entrevistas en diversas emisoras radiales. A pesar de la jornada agotadora se encuentra dispuesto a continuar con el trabajo. Son las nueve de la noche y todos quieren hablar sobre el debate con los representantes de la derecha. Poco tiempo para intercambiar impresiones, no olvidemos, la reunión espera.


El debate, en el encuentro de jóvenes, nos muestra la importancia de contar con dirigentes que sepan comunicar ideas y empatar con el auditorio. Definitivamente son otros tiempos. No basta con tener las ideas claras, tiene que poseerse la capacidad de “encantar”. La derecha lo sabe, el ponente del PPC utiliza todos los recursos, desde ponerse de víctima hasta de convertirse en imitador, pasando por todos los recursos histriónicos. Los organizadores de seguro pensaron que invitar un izquierdista radical, se encontrarían con un acartonado dirigente de izquierda que solo repite citas, con discursos planos y que vive preocupado entre el arrepentimiento y el cinismo de haber sido y ya no ser. Pues bien, esa plantilla no cuadra con Martín, desde el saque proclama su filiación política. Es desde esa base sólida que argumenta, rebate y sintetiza la propuesta del Frente Amplio y de su organización partidaria: Pueblo Unido.


Para nosotros es vencedor de lejos en el debate, pero ese nosotros ya está marcado por lo que queremos escuchar y como Martín lo dice con tanta firmeza, estamos seguros que gano. Un camarada muestra su seguridad en la victoria cuando señala: “es marxista, por eso piensa claro”. Pero, digámoslo nosotros no “votamos”, donde debe verse el triunfo es en el auditorio compuesto por jóvenes, tiene que verse por donde se inclinan. Tres hechos muestran la victoria. Primero, que la gran mayoría de jóvenes pugnaba por fotografiarse con Martín. Segundo, los otros ponentes el liberal y el socialcristiano eran puestos a un lado y de vez en cuando convocados para alguna foto, y tercero, el establecer contacto por vía del celular, las redes sociales y el ofrecimiento de querer organizarse. Otros tiempos. En ese acto han sido organizados e integrados por la vía de la tecnología, son parte de los contactos y que mantendrán su vínculo vía las redes sociales.


Camino al local de FA, le pregunto sobre su tesis que el pueblo vota por la izquierda y amarro la pregunta con los actos que tuvo en Cusco e Ica y claro la experiencia que acabo de relatar. En Cusco lleno un auditorio con 500 jóvenes, lo mismo pasó en Ica, y ahora los muchachos quieren articularse. ¿Algo está pasando? Reafirma su tesis y estos hechos vendrían a confirmar su aserto. No solo hay esperanza sino que esta situación abre otro periodo. Lección: ya no estamos ante la generación X, comienza aparecer un despertar por la política, sobre todo por la política de izquierda. Si esto sucede en el tejido social, en la otra orilla está el problema. Una izquierda anquilosada será incapaz de ser el referente, solo una izquierda que nace y camina con los jóvenes haciendo su propia historia, será capaz de convertir en tendencia estos atisbos de rebelión.


Si ello lo vimos en vivo y en directo con los jóvenes, ahora toca medir si el discurso también funciona con adultos, que en su mayoría escucha noticieros radiales. Ese ya no es un espacio juvenil. ¿Será aceptado por ese auditorio escéptico de adultos, encallecidos por el engaño y la demagogia? Un discurso que no esconde su filiación marxista-leninista, que habla con convicción del proyecto de sociedad, que no hace transacciones y que no se preocupa por ser potable para la derecha, que tampoco quiere aparecer como técnico, que asume la política como el espacio de las grandes transformaciones. Los hechos indican que la recepción es buena. Todo parece indicar que la gente quiere firmeza, no quiere tibios


La clave para hacer ello es marcar una línea divisoria entre el futuro y el pasado. Representar el futuro y criticar el pasado como práctica política que no debe volver a repetirse. También en asumir el proyecto andino de Mariátegui y Arguedas. Con ello integrar las visiones tahuantisuyanas en el programa socialista que le da norte al accionar político. Discurso fuerte que obligo a los fundamentalistas a defender sus territorios, de separar la tradición andina del marxismo. Vano intento.


Siempre se ha dicho que un discurso de esta naturaleza aleja a amplios sectores, que ocasiona miedo y que aleja a los hombres y mujeres de la izquierda. Por las intervenciones de los radioescuchas, por las conversaciones en la calle y por el sondeo que han hecho los militantes del FA con sus entornos cercanos, se llega a la conclusión que el discurso de esta forma y de este contenido tiene la capacidad de empatar y organizar.

 

Lección, la gente está buscando la renovación de los políticos de la izquierda, que, también, deben tener formación política, conocimiento de la realidad y el manejo de la propuesta programática. La clara diferenciación entre lo nuevo y lo viejo, entre el futuro y el pasado. Asumir que sin lo andino no hay transformación posible, el socialismo tiene que ser arguediano.


La experiencia de trabajo con el compañero Martín Guerra confirma lo acertado del acuerdo del Frente Amplio Arequipa, de ser una plataforma de todos los pre-candidatos, sin sectarismo y con la mayor amplitud. Es por la vía institucional que se debe hacer campaña, con el concurso unitario del Frente. Solo así la campaña por elegir el candidato presidencial del FA se convertirá en un acto de construcción del referente político, de convocatoria a participar en el proceso de elección el 4 de octubre y de fortalecimiento de la organización. Todo ello es posible si desarrollamos la cultura frenteamplista. Buen trabajo compañero Martín, su presencia –no coordinada- ha ayudado a fortalecer el FA en Arequipa y también ha mostrado el compromiso de que al interior del FA todos nos ayudamos, por lo menos esa es la visión del trabajo en la tierra de Mariano Melgar.

 

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