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De la tía Julia y la prima Paty a la exmujer(*) de Julio Iglesias

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Mario Vargas Llosa: el descaro de un Nóbel

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Carlos Angulo-Rivas*

 

 

 

 

Allá por el año 1965 visité Paris por primera vez en mi vida, venía de regreso de un viaje a Helsinski, Leningrado (St. Petersburgo) y Moscú. En ese entonces, siendo presidente de la Federación de Estudiantes de la UNI (ACUNI), había sido invitado junto otros dos dirigentes estudiantiles, uno de San Marcos y otro de La Cantuta, al Congreso Mundial por la Paz y el Desarme General realizado en julio de aquel año en la capital de Finlandia, en plena guerra de Vietnam. La delegación peruana estaba integrada por otros miembros más, éramos diez en total, coordinados por el escritor y periodista Ernesto More. Partimos de Lima en un KLM con escala en Caracas donde se integraron las delegaciones de Guatemala presidida por Jacobo Arbenz, ex presidente derrocado por establecer la Reforma Agria en el país de la United Fruit y la de Cuba bajo la dirección de Juan Marinello, reconocido intelectual y rector de la Universidad de La Habana. La travesía atlántica hasta Amsterdam fue una de las más amenas e instructivas sobre temas políticos y sociales que jamás había escuchado.

A este Congreso de la Paz acudieron cerca de dos mil delegados de todos los países del mundo donde destacaban personalidades internacionales de la talla de Bertrand Russell, Jean Paul Sartre, Simon de Beauvoir, la astronauta Valentina Tereshkova, Jiang Qin, entre otras, a las que luego de hacer una larga cola saludamos afectuosamente por su compromiso militante con la paz mundial. Para mí esta experiencia congresal con traducción simultánea y mi visita a la Unión Soviética cuando a los peruanos nos estaba prohibido, marcaron el inicio de una singular manera de pensar y a su vez la de observar la realidad a la luz de las ideas. De esta suerte comencé a analizar las verdades oficiales antes de aceptarlas de buenas a primeras descubriendo en esta práctica el uso diario de la hipocresía como principio básico de verdad y del cinismo su acompañante. Ya Hitler había hecho ejercicio de este tipo de manipulación para convencer a los alemanes de su nefasta verdad. Durante mucho tiempo estuve observando la facilidad de mentir y la de inventar sofismas -a través de los medios de comunicación- para llegar a dominar la conciencia humana; y, en la actualidad, con una variedad de información elaborada en favor del sistema capitalista dominante, existe una dinámica intimidatoria contra los filósofos, historiadores, escritores, poetas, intelectuales, periodistas y todo creador artístico, es decir frente a quienes no se someten.

Los residentes peruanos en París me llevaron de la mano a conocer la ciudad y de pronto terminé celebrando las fiestas patrias en una recepción en la embajada donde entre los anfitriones destacaba junto al neurocirujano Oscar Trelles, embajador del gobierno de Belaúnde, el coronel Briceño como agregado militar, a quien recordé como el hombre que había sacado de palacio de gobierno al presidente Manuel Prado en 1962 mediante el golpe de estado del general Pérez Godoy. Siguiendo el curso de las visitas, a los pocos días, en compañía de mis nuevos amigos, visité la tumba de nuestro poeta César Vallejo en el cementerio de Montparnasse y luego ese mismo día si mal no recuerdo terminé escuchando a Mario Vargas Llosa en una tertulia informal. De todas las sorpresas a las que me había expuesto me impresionó, en el joven escritor, todavía no laureado, la vehemente defensa de la revolución cubana y de su líder el comandante en jefe Fidel Castro, más tarde comprobaría esta versión de militancia incondicional en sus fervorosos y apasionados escritos publicados en la revista uruguaya Marcha. Inclusive, Vargas Llosa en esta plática informal de manera dramática exaltó la figura del poeta Javier Heraud, asesinado en Puerto Maldonado, y siendo un día de agosto de 1965 también se inclinó por el apoyo a la guerrilla del MIR encabezada por Luis de la Puente Uceda, enorme preocupación del gobierno de Fernando Belaúnde como me lo hizo saber el embajador Oscar Trelles en conversación privada en su oficina.

Estas anécdotas las he tenido presentes a través de los años, y las revelo hoy porque quiero dar cuenta de los valores cambiantes en ciertos seres humanos como es el caso de Mario Vargas Llosa, cuya extraña metamorfosis tiene muy poco de raíces sólidas en cuanto a un cambio de pensamiento tal como él menciona. Yo pienso más bien en la postura de un escritor falto valores morales desde hace casi cincuenta años, ya que para decirlo en concreto, Mario Vargas Llosa le debe a la revolución cubana todo lo que es y podríamos decir hasta su premio Nóbel, le guste o no le guste. En primer lugar, su pose de apasionado revolucionario, siendo un escritor desconocido (había publicado apenas dos cuentos y la insustancial narración La Ciudad de los Perros) lo saca del anonimato y lo acerca al boom latinoamericano como un novato, el más joven de todos los integrantes. Allí se relaciona con los escritores famosos de la época, todos convencidos hombres de izquierda, como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, José Donoso, Alejo Carpienter, Juan Rulfo, Augusto Roa Bastos, Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti. Puedo decir entonces que muchas cosas se juntaron y Vargas Llosa sacó ventaja de ellas con su primer viaje a Cuba en 1962 donde según él mismo afirma: “mi estadía redobló mi entusiasmo y solidaridad con la Revolución. Hice una larga cola para donar sangre e Hilda Gadea, la primera mujer del Che Guevara, que era peruana, me presentó a Haydée Santamaría, que dirigía la Casa de las Américas. Esta me incorporó a un Comité de Escritores con el que, en la década de los sesenta, me reuní cinco veces en la capital cubana.” Por eso también me arriesgo a formular, mediante una diversidad de sentimientos propicios, que esta ubicación clave le sirvió para su auto-promoción como escritor hasta salir del anonimato.

En mi opinión esta pose revolucionaria de una decena de años de Vargas Llosa, hasta 1970, año de su rompimiento con la revolución cubana, fue un aventura de escalada individual, de aprovechamiento personal con miras a convertirse en un hombre adinerado, y por eso mismo está siempre tratando de justificar su alejamiento de la revolución dándole un cariz político-ideológico que nunca tuvo, pues en realidad él optó por la vida fácil del encomendero y no por la difícil tarea de luchar por la justicia social y la libertad soberana de los pueblos oprimidos del mundo. A mi manera de ver la negra historia comienza cuando las relaciones con el “boom” y la Casa de las Américas coloca a Mario Vargas Llosa en el candelero del premio Rómulo Gallegos que gana en diálogo con el siniestro gobierno venezolano de Raúl Leoni, además, con una de sus peores narraciones “La Casa Verde”. Entonces a fin de lavarse la cara ofrece donar los 25,000 dólares del “mérito” al Che Guevara a través de Haydée Santamaría con la finalidad de usar ese dinero en la lucha revolucionaria emprendida en Bolivia, promesa incumplida por Vargas Llosa, pues él se embolsicó la mencionada suma ante lo cual la directora de la Casa de las Américas escribe: “¡Qué deuda impagable tiene Usted contraída con los escritores latinoamericanos, a quienes no supo representar frente al Che a pesar de la oportunidad única que se le dio!”

No creo en la discrepancia política-ideológica como justificación de un comportamiento insano, trastorno del cinismo, enfermedad incurable en ciertos individuos como Vargas Llosa. Este grave síndrome no es ajeno a la blasfemia, la diatriba y el rencor, debido a la culpabilidad no digerida en correspondencia a las faltas cometidas, o sea el llamado sentimiento de culpa. En consecuencia, no me llama la atención el artículo de despedida “La Muerte de Fidel” publicado en El País de España por Vargas Llosa, quien entra en contradicción y rechazo a un reconocimiento universal ante la muerte del comandante en jefe de la revolución cubana, liderazgo presente, cuya influencia en el pensamiento y la política de los últimos cincuenta años posee el rasgo inconfundible de la preocupación por los humildes y la salvación de la humanidad. De ahí surge el agradecimiento de los mandatarios del mundo entero, inclusive de sus opositores, tal cual por resolución lo confiesa la Organización de las Naciones Unidas. Y ni qué decir de las multitudinarias manifestaciones de amor y duelo en La Habana y en todas las provincias de la isla, donde millones de seres humanos despidieron a Fidel Castro Ruz en presencia de más de sesenta gobernantes, representantes de todos los continentes. Sin embargo, el escritor Mario Vargas Llosa anota entre otras frases propias de la blasfemia y de los renegados lo siguiente: “¿Está Cuba mejor ahora, luego de los 57 años que estuvo Fidel Castro en el poder? Es un país más pobre que la horrenda sociedad de la que huyó Batista aquel 31 de diciembre de 1958 y tiene el triste privilegio de ser la dictadura más larga que ha padecido el continente americano”.

No he terminado todavía, decía líneas arriba: Mario Vargas Llosa le debe a la revolución cubana todo lo que es y podríamos decir hasta su premio Nóbel. El primer punto está desarrollado: salió del anonimato gracias a la revolución. El segundo, va en el sentido de un alejamiento de la revolución cubana más comercial que político, pues en el supuesto errado de no aceptar el liderazgo de Fidel Castro por sus “excesos dictatoriales” como proclama, la verdad es que esta apreciación crítica fue un pretexto para querer salirse como un idealista puro “traicionado” cuando, efectivamente, se trataba de una renuncia irrevocable a sus declarados “ideales revolucionarios y sueños juveniles”. Y aquí está la otra deuda con la revolución cubana, ya que atacar a Fidel Castro convirtiéndose en vocero internacional de la “intelectualidad” le resultó un negocio millonario que le dura hasta ahora. Consta que el cambio de posición de muchos intelectuales tiene que ver con la compra de escritores a través de la CIA y las fundaciones estadounidenses, y Vargas Llosa al defender la libertad en abstracto y admirar el neoliberalismo iniciado por su amiga Margaret Thatcher y Ronald Reagan se incorporó a las provechosas granjerías otorgadas a los anti-cubanos y anti-Fidel. Negocio altamente rentable practicado en los Estados Unidos y sus satélites en el mundo entero.

No me cabe la menor duda, a partir de esa fuga forzada a los principios de una revolución por la justicia social, tal cual pregonaba con su apoyo verbal y escrito, ponderando a la vanguardia de los barbudos de la Sierra Maestra. Vargas Llosa, así bien remunerado, se dedicó al oficio de escribir relatos intrascendentes, auspiciado por la red comercial de la industria editorial española, por ello sus libros no alcanzan la categoría de novelas consagradas como las de Jean Paul Sartre, Albert Camus, Anatole France, Hermann Hesse, Thomas Mann, León Tolstoi, Mijail Sholojov, James Joyce, Oscar Wilde, Ernest Hemingway, Gunter Grass, Franz Kafka, Benito Pérez Galdos, Miguel de Unamuno, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, Miguel Ángel Asturias, entre otros autores, sin citar a los clásicos del mundo literario. La narrativa de Vargas Llosa es una recreación de crónicas ya escritas o historias ya contadas, siendo su creación real superficial y perteneciente al mundillo de la frivolidad en el que actualmente goza y vive, es decir, de espaldas a la pobreza del mundo, a la injusticia, al sufrimiento de los refugiados, a los desastrosos estragos de las guerras de ocupación y saqueo de los miembros de la OTAN que él considera los representantes del mundo libre. El autor escribe lo que piensa así lo disfrace de nomenclaturas técnicas artificiales a fin de disimular su concepción ideológica frente al mundo de la desigualdad y la pobreza extrema, por eso Vargas Llosa no llega en su obra a la sacudida social del edificio construido por la cultura occidental a la que nunca golpea con fuerza sino apenas con señalamientos de errores y pecadillos. Se ha querido desdoblar al escritor del político militante neoliberal capitalista, sin embargo, el pensamiento es uno solo salvo se convierta en un farsante, y de ahí que su narrativa sea una aproximación postiza a la realidad. La creatividad de Vargas Llosa resulta ajena a temas vivenciales propios; y, de acuerdo a la definición del psicólogo Carl Jung, estaríamos frente a un personaje de archivo oculto, íntimo y secreto, de personalidad alternativa, que este autor llama “la sombra.”

En conclusión, no me extraña el descaro de Mario Vargas Llosa quien venciendo todo escrúpulo de decencia y moral, sostiene que con Fidel Castro Ruz Cuba está peor que con el sangriento dictador Fulgencia Batista. Y como vemos, a este Nóbel le vale misa la gratitud hacia el comandante en jefe de la revolución cubana expresada en distintas latitudes que se resume en lo siguiente: “De acuerdo con el presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, los logros sociales de Cuba demuestran que aún con escasos recursos pueden garantizarse las necesidades de los más vulnerables. Las restricciones existentes (la Isla enfrenta desde hace más de medio siglo el bloqueo estadounidense) hacen todavía más impresionantes esos avances, los cuales reflejan el espíritu inquebrantable de resistencia de los cubanos, simbolizado tal vez mejor que nadie por Fidel Castro, subrayó Thomson, quien resaltó la visión del líder revolucionario, con su llamado a salvar al mundo de la guerra, el subdesarrollo, el hambre, la pobreza y la destrucción de los recursos naturales indispensables para la supervivencia de la humanidad.”

 

(*) María Isabel Preysler Arrastia

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(*) María Isabel Preysler Arrastia (Manila, Filipinas, 18 de febrero de 1951) es una "socialite" y modelo hispano-filipina de gran popularidad en la prensa rosa española. Es madre de los cantantes Enrique Iglesias y Julio Iglesias, Jr., y también de Chábeli Iglesias, fruto de su matrimonio con el cantante Julio Iglesias; de Tamara Falcó, fruto de su matrimonio con Carlos Falcó, marqués de Griñón; y de Ana Boyer, fruto de su matrimonio con Miguel Boyer, exministro de Hacienda de España, con quien permaneció casada hasta el fallecimiento de éste en 2014. Desde 2015 tiene una relación con el escritor peruano y PremioNobel de Literatura Mario Vargas Llosa.1Isabel Preysler procede de una acomodada familia de Manila, Filipinas. Su padre, Carlos Preysler Pérez de Tagle, era delegado del Banco Español de Crédito en Manila.2        

Descendía de españoles afincados en Alemania y cercanos a la corte alemana del rey emperador Carlos V, que emigraron a España, y que a su vez, unos pocos, se trasladaron a Filipinas, cuando ésta era colonia española. La familia Pérez de Tagle era propietaria de las manufacturas de los productos de copra y de abacá, usadas para fabricar lazos antes de la invención del nailon, y es descendiente del primer Marqués de Altamira y financiero del Rey Felipe V, Luis Sáenz de Tagle. Además, los Pérez de Tagle fueron parte de los 'ilustrados', un grupo revolucionario formado de filipinos contra el abuso del gobierno militar de España en las islas orientales durante los 1800. Son parientes suyos la actriz estadounidense Anna Maria Pérez de Tagle y la actriz filipina Sarita Pérez de Tagle. Su madre, Beatriz Arrastia Reinares, era dueña de una agencia inmobiliaria. La familia Arrastia residía más lejos de la capital filipina. Tenía extensas plantaciones de arroz e ingenios azucareros en el pueblo de Lubao, Pampanga. Mientras el linaje paterno suelen ser europeos, su linaje maternal indica que desciende de los indígenas kapampanganos de Bataan.3
Apenas superada su adolescencia, sus padres decidieron mandarla a España. Se instaló, en Madrid, en casa de sus tíos Tessy y Miguel Pérez Rubio. Pronto comenzó a asistir a distintas fiestas de la alta sociedad madrileña. En una de ellas, organizada por Tomás Terry, conoció a Julio Iglesias y dejó de lado sus estudios de Secretariado Internacional. Se casaron por la Iglesia el 29 de enero 1971 en Illescas (Toledo). Tuvieron tres hijos en común: María Isabel (más conocida como Chábeli, nacida el 3 de septiembre de 1971) Julio José (nacido el 25 de febrero de 1973) y Enrique Miguel (nacido el 8 de mayo de 1975). Se separaron en 1978.
Dos años más tarde, siempre tratando de mantener a sus hijos al margen de su vida sentimental y de la expectación que ésta causaba a los medios, contrajo matrimonio con Carlos Falcó y Fernández de Córdoba, marqués de Griñón, con quien tuvo a su hija Tamara, nacida el 20 de noviembre de 1981. Pero la felicidad de la pareja dura pocos años. En 1983 empiezan los rumores de separación. Aunque el romance con el entonces ministro de economía socialista Miguel Boyer se niega. En 1985 la ruptura de Carlos Falcó e Isabel Preysler es definitiva. En marzo de 1986 Isabel y Miguel son sorprendidos juntos por primera vez por los fotógrafos, pero ellos ya han decidido no ocultar su amor. El 2 de enero de 1988, Isabel y Boyer contraen matrimonio. La boda civil se celebra en la más absoluta intimidad aunque no consiguen evitar ser fotografiados a la salida del registro civil de Madrid. De este matrimonio nace una hija, Ana, nacida el 18 de abril de 1989.
Con 65 años, el atractivo de Isabel Preysler le ha proporcionado cuantiosos ingresos como imagen publicitaria de firmas como Porcelanosa, Suárez, Ferrero Rocher o Astor, además de ser considerada una de las mujeres más elegantes de España.
Isabel tenía una hermana, Beatriz, la cual murió el 1 de octubre de 2011 a los 53 años debido a un cáncer de pulmón. Tiene dos nietos, Alejandro y Sofía, hijos de Chábeli y Christian Altaba. En la actualidad mantiene un romance con el escritor peruano ganador del Nobel, Mario Vargas Llosa, que fue revelado en junio de 2015 por la revista ¡Hola!.

 

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