La prostituta fetiche llamada unidad

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  Elías Rojas Paredes

 

 

 

 

Los debates que se producen en las redes sociales acerca de la unidad se mueven entre dos polos: rendirle culto para asumirla como un fetiche, y la otra, que la mira como prostituta, dispuesta a acostarse con cualquiera a cambio del gobierno.

Las propiedades mágicas del fetiche, hace que se llegue al delirio de otorgarle capacidades que, con tan solo pedirlo, estos se convierten en realidad. La unidad garantiza llegar al gobierno, solo con la unidad derrotamos a la derecha. Solo la unidad puede producir el cambio. Y podemos seguir con el inventario de argumentos de buena intensión. Sin embargo una mirada a la realidad, nos permitirá descubrir que en la izquierda se han instalado un conjunto de chamanes, que venden la unidad como la uña de gato, cada día descubren una propiedad nueva que abona a favor.

El discurso de la oportunidad tiene como fundamento el albur. Es una apuesta a que el fenómeno Fujimori de 1990 se volverá a repetir, ahora con rostro izquierdista o progresista. Que nuevamente la derecha se peleara y creara un vacío político que permitirá la aparición del candidato del pueblo. ¡Como sueñan que se presente un escenario igual al triunfo de Susana Villarán! Los más sofisticados leen las encuestas y encuentran descontentó al por mayor, concluyendo que el modelo está agotado y que se vive una crisis estructural, que se refleja en la desaprobación de Ollanta, el decrecimiento de la economía, la violencia delincuencial, la corrupción, etc. Todo ello llevara a las masas al descontento y de allí hay un pequeño paso hacia la izquierda, pero para que se vayan a la izquierda esta tiene que existir. Entonces, la unidad es la fuerza que complete su paso al lado izquierdista. Extraordinario: ¡descubrieron la piedra filosofal!

Lo cierto es que no hay ningún factor o hecho que indique que la unidad sea esa pócima que cure todos los males. Lo único que pueden argumentar son algunos hechos de la historia, mostrados en su epidermis y sacados de contexto. Ya que si lo miran desde la perspectiva del momento histórico para sacar lecciones, el resultado comparativo terminaría siendo un desastre para el presente.

Solo para hacer un ejercicio simple. En 1980 la derrota de las izquierdas obligo a la unidad. 2014 la derrota de las izquierdas produce una mayor fragmentación. 1980 las masas piden la unidad. 2015 los dirigentes que fracasaron ininterrumpidamente y dividieron a la izquierda son los únicos que piden la unidad. 1980 la izquierda insertada en las organizaciones sociales representado los intereses populares. 2015 la izquierda vive en la marginalidad y sus recuerdos, no representan a nadie, solo los intereses de caciques grandes y pequeños, que como dice Gregorio Santos: “antes llenaban estadios” y agrego, hoy no convocan ni a su familia.

En esa situación la unidad curara todos estos males, que por arte de la ilusión, la izquierda en un santiamén pasara a constituir una fuerza política importante. Todos saben que eso no es cierto. Que el trabajo de bases ha sido abandonado, que la unidad no resolverá ese déficit en el corto plazo sino en el largo plazo. La realidad indica que se vive un escenario de derrota.

Los otros, que consideran a la unidad como una prostituta. Vean que están a la moda: ¡que posmodernos habían resultados estos Saulos! Proclaman la nueva verdad: los principios son todos relativos. Y afirman que tienen la facultad de convertir a una prostituta en virgen.
En esta relectura Mao se unió a Chiang Kai Shek convirtiendo al malvado de Chiang en buenito, pero como la cabra tira al monte, la pócima de la unidad no tuvo efectos permanentes, haciendo que prevalezca su lado oscuro. Eso era hace más de 60 años, porque el menjunje no estaba perfeccionado. Ahora la ciencia ha evolucionado y los chamanes aseguran que los que tomen la pócima seguirán siendo buenitos por los siglos de los siglos y como prueba sostienen que pueden hacer volver al ser amado en menos de 24 horas.

Con esos parámetros se han lanzado desenfrenadamente a convocar a cuanto oportunista, redomado derechista, logrero, asesino, cargador que se le cruce en el camino, para que con el pase mágico de la unidad se convierta en un hombre nuevo, ejemplo de honradez, con la moral al 100%. Para que sea candidato, su candidato, el candidato, bueno digamos: el candidato natural porque es propietario de la franquicia electoral.

Los que antes argumentaban la unidad a partir de los principios, hoy la asumen por necesidad “política” lejos de esa camisa de fuerza, que no permite la flexibilidad de la negociación y del engaño, sobre todo el acomodar a los amigotes, allegados, ayayeros y demás yerbas en las listas al congreso.

Son tan creativos, todos unos emprendedores, que ahora el significado de la unidad es: cuanto hay.

La prostituida unidad es asumida como una pista de doble vía. Va y viene. Unos sueñan en tener cargadores que les hagan la campaña. Porque ellos son el cerebro y los cargadores Pinky. Otros están más preocupados por poner a las cuñadas, a los hueleguisos, a los “fieles revolucionarios” en las listas, asumen que la unidad solo da para colocar unos cuantos parlamentarios. Tienen tal certeza porque se han hecho sortear la suerte en coca, y para verificar en el tarot chino.

Lo cierto es que la unidad no es ninguna pócima que cure todos los males, tampoco convierte al traidor en un hombre de principios. En caso de los que sostienen la unidad como fetiche prostituible o una prostituta fetiche, ha devenido la unidad en un medio de engaño. Como sabemos: “el que dice la verdad no traiciona”. Por tanto los argumentos falaces vienen a constituir la prueba de que la unidad no los ha convertido en buenitos, sino que siguen los mismos de siempre, pretendiendo sorprender a los izquierdistas haciendo campaña de presión sentimental, maximizando las potencialidades y creando una realidad virtual.

Debemos decir basta. La reproducción de la política criolla –que rechazara asqueado Mariátegui- no es ninguna base solida para construir un frente, porque serán siempre los intereses subalternos los que prevalecerán.

Quieren la unidad hablen con la verdad. No hay otro camino. Segundo deben reconocer que la táctica planteada para imponer sus intereses ha fracasado. Tercero, si persisten en el mismo comportamiento un acto de unidad es no continuar con la misma política, aceptar que cada uno tiene el derecho de realizar su proyecto, y no echar la culpa a un tercero de su fracaso.

Todos queremos la unidad, pero la unidad tiene que partir de la verdad. Como saben no puede haber nada mas solido porque la verdad es revolucionaria.


7/agosto/2015
 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal

 

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