CENTRO DE ESTUDIOS DEMOCRACIA, INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA

La unidad, es más urgente que nunca

 

 

Concluyendo el mes de diciembre, y en vísperas del inicio de un año decisivo –el 2016- bien puede afirmarse que en el Perú y en el mundo, la unidad de los pueblos constituye un imperativo ineludible.

En el escenario internacional, colapsa la políticas de las grandes potencias que renovaron su ofensiva bajo al ala del gobierno de los Estados Unidos y Norteamérica y que se valieron de la OTAN para imponer su política más agresiva contra países soberanos en el Asia Central, la costa atlántica de África y en América Latina. Los trágicos sucesos ocurridos recientemente en París, confirman largamente la derrota de un rumbo soberbio de intimidación contra los débiles y abren un nivel de confrontación muy alto, que pone verdaderamente en peligro la paz mundial e incluso la supervivencia humana.

En nuestro país, las cosas marchan por una ruta igualmente peligrosa. Los 5 “candidatos grandes” que disputarán la Jefatura de la Nación en los comicios de abril, tienen una pesada carga delictiva. Bien puede decirse que la suma de ellas inscribe el Código Penal en todos sus alcances. Incluye, en efecto, los más variados delitos y descalifica por sí misma la consulta electoral que se avecina.

Aunque la Izquierda Oficial habla copiosamente de la importancia de la Unidad, ella no se concreta. Por el contrario se diluye en un mar de acusaciones intrascendentes y desmoraliza a los militantes de base que no atinan a entender la naturaleza de la lucha que se libra en nuestra patria en una circunstancia en la que la Mafia fujiaprista envileció el escenario nacional.

LA CRISIS CAPITALISTA ARRECIA

Un reciente estudio publicado por la revista suiza 'Plos One' recuerda que en nuestro tiempo, un minúsculo grupo de entidades financieras y bancarias, ostenta una influencia decisiva sobre la economía mundial, que maneja virtualmente a escondidas. "Lo que realmente está sucediendo es que los recursos del mundo están siendo dominados por este grupo", explicó en la citada publicación la antigua asesora del Banco Mundial y el Fondo Monetario, Karen Hudes, la misma que incidió en el hecho, sostuvo que quienes tomaron en sus manos las riendas del Poder, logaron, además, dominar los medios de comunicación, convirtiéndolos en instrumentos de engaño y opresión en perjuicio de la inmensa mayoría de la población mundial.

Ellos, mediante la corrupción más generalizada han alcanzado a tener bajo su control la conciencia de millones de personas en todos los continentes, y han impulsado prácticas de barbarie que no tiene precedentes, dado que cuentan con recursos inimaginables en el pasado.

Luego de estudiar la realidad de 137 millones de empresas en diversos países, el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich, llego por su parte a la conclusión que, entre ellas, existe una superentidad integrada por 147 megacorporaciones que controlan el 40% de la economía global. Esta élite domina, adicionalmente, organizaciones no elegidas y que no rinden cuentas; pero controlan las finanzas de casi todas las naciones del planeta. Se alude así al Banco Mundial, el FMI y los bancos centrales, como la Reserva Federal de los Estados Unidos de Norteamérica, que tiene bajo su égida la emisión central del dinero y el control de su circulación internacional.

Los negocios de estas Megacorporaciones son los que protegen en el mundo los gobiernos de los países capitalistas altamente desarrollados, a la sombra de los cuales funciona una estructura poco conocida denominada el Banco de Pagos Internacionales [Bank for International Settlements], que controla la emisión y circulación del dinero. Este banco, que funciona en Suiza, y que tiene subsidiarias en algunos países de Asa y América, posee inmunidad en materia de impuestos y leyes internacionales. Nadie ejerce control alguno respecto a sus acciones financieras o comerciales.

Hoy se sabe que esta entidad cuenta con 58 bancos centrales a nivel mundial, y un gran poder en la economía de los Estados Unidos. En su sede central, situada en Basilea, se reúnen periódicamente los altos funcionarios de este ente para tomar decisiones que inciden en la vida de millones de personas de toda condición social y ubicación geográfica. El instrumento esclavizador que permite a los poderosos someter a naciones y Gobiernos enteros, es la deuda que cada Estado tiene como dogal de opresión.

Ante la economía mundial en crisis, los poderosos recurren a la guerra, tal como lo hicieron antes, en 1914 y en 1939; cuando afincaron la idea que la comercialización de armas y el saqueo de las poblaciones subyugadas, podría “recomponer” la agobiada capacidad productiva de los “países ricos”. Para alentar esa política, fue que idearon el fascismo, y buscaron usarlo sin éxito contra la Rusia Soviética.

Hoy, con propósitos similares, y para derrotar los procesos liberadores surgidos en distintos continentes, incentivaron a grupos terroristas y extremistas, a los que dotaron de armas sofisticadas e ingentes recursos económicos y materiales. Sobre esa base surgieron fuerzas como el denominado “Daesh” –un grupo terrorista hoy proclamado “Estado Islámico” y al que las “potencias occidentales” usaron para consolidar su dominio en Irak, amenazar a Irán y atacar alevosamente al régimen Sirio.

Ante el fracaso de su política buscan, en el nuevo contexto, convencer al mundo que el enemigo principal es “el terrorismo”, sin admitir que los terroristas verdaderos son los que se esconden en las capitales imperiales. Es bueno subrayar, en este contexto -y para salir al frente de campañas diversionistas y confusionistas- que no todos los árabes, son islamistas; ni todos los islamistas, son terroristas.

Terroristas son los que se realizan acciones de ese corte, como la voladura del avión ruso con más de 227 tripulantes en suelo egipcio, los ataques en Paris el triste viernes 13 de noviembre, o los bombardeos de indefensas poblaciones en Siria, o en territorio Palestino. En todas estas acciones, la responsabilidad principal recae sobre el gobierno de los Estados Unidos y su socio bélico, la administración de Israel.

EN EL PERÚ, EL PELIGRO ACECHA

La crisis se expresa claramente en nuestro país. Como se advierte en los reportes oficiales correspondientes al mes de noviembre, hay una clara tendencia a la recesión. Como dicen los expertos y se recoge en documentos especializados, ese hecho no nos permitirá crecer al ritmo que venía ocurriendo hasta el 2012. El Banco Central reconoció un crecimiento magro, situado en algo más de 3 puntos, pero el Fondo Monetario nos pronosticó una cifra aún menor: el 2.4. Esto incidirá peligrosamente en el conjunto de la vida nacional.

En el marco social, la crisis asoma con perfiles propios. Se vive un claro ambiente de convulsión social. Los madereros de la amazonía, las comunidades campesinas, los mineros informales, los obreros sobre explotados, los estudiantes descontentos, las mujeres escarnecidas y otros segmentos de la población expresan reclamos fundados y legítimos sin encontrar respuesta alguna por parte de las autoridades.

En el plano político, arrecia la ofensiva de la Mafia. Cuando faltan apenas cinco meses para los comicios nacionales del 2016, y ante la descomposición de las fuerzas políticas más conservadoras –como el PP C, hoy en quiebra- la derecha más reaccionaria cierra filas con Keiko Fujimori al tiempo que anida la ilusión de levantar la imagen de Alan García o Pedro Pablo Kuczynski como alterativas de recambio.

Como es consciente que el espectro no se satisface con esos nombres, vapuleados y desprestigiados en el seno del pueblo, afinca también la idea de optar por César Acuña o Alejandro Toledo, sumando así lo que bien denominarse un triste quinteto de la muerte

Ninguna de estas expresiones garantiza absolutamente nada para el pueblo, ni para el país. Todos ellos están cortados por la misma tijera y responden a los mismos amos. Tienen similares propósitos y se valen de los mismos métodos. La experiencia, en distintas etapas de la vida nacional, lo ha confirmado largamente.

Para todos ellos, el camino fue trazado por el engendro seudo constitucional de 1993, impuesto por el régimen fujimorista. El consagró el “Modelo” neo liberal en su mayor dimensión. Redujo, hasta virtualmente hacer desaparecer, los derechos laborales y las conquistas de los trabajadores; destruyó el sector público de la economía; acabó con el proceso de industrialización; dejó el campo absolutamente libre para la inversión privada, sobre todo extranjera; remató las empresas estatales y subastó el país en provecho de consorcios foráneos. La aplicación del “modelo” sólo hizo crecer el abismo que separa en el Perú a pobres de ricos, aumentó la miseria social y generó el clima de violencia que hoy devora a la sociedad.

Si los peruanos de este tiempo estamos severamente afectados por algo, es por lo que se ha dado en llamar la Inseguridad Ciudadana, es decir, la ola delictiva que se multiplica y que siembra el pánico en ciudades y puertos de nuestro país. Ella tiene su origen en el “ajuste” económico que afectó a las grandes mayorías; en el “mensaje” que brindó la clase dominante para hacer valer el consumismo y la competitividad por encima de todos los valores; en el incremento de la desocupación y el desempleo; y la proliferación de negocios ilícitos que diera lugar al surgimiento de “nuevos ricos” con recursos ligados al narcotráfico y otros ilícitos.

Bien puede decirse que la gestión de la Clase Dominante en el Perú ha hecho derivar al país en un Narco Estado, en el que se viven escenas similares a las que ocurren en países agobiados por la misma pandemia, como son Colombia y México.

El surgimiento de bandas clandestinas, el secuestro de personas, el uso de a tortura como método generalizado de intimidación; el sicariato, como práctica asesina; han sido impulsados en el Perú por sucesivos gobiernos corruptos que han envilecido la vida peruana, desde los años de Fujimori hasta nuestros días.

El pueblo peruano, desde hace más de una década, tomó conciencia de esta realidad y buscó enfrentarla. Por eso sumó su fuerza al Partido Nacionalista de Ollanta Humala, que bien pudo haber ganado en los comicios del 2006. Frustrado ese intento, sin embargo, tuvo capacidad para derrotar a la Mafia en las elecciones municipales del 2010 y le infirió una nueva derrota en las elecciones nacionales del 2011, demandando una nueva política y una gestión de corte nacional y patriótica.

Este rumbo no fue cumplido. El gobierno de Ollanta Humala, por su precariedad y sus limitaciones de clase, estuvo muy lejos de concretar objetivos básicos vinculados a la defensa del país y de los intereses nacionales y populares. Por el contrario, se dejo encimar por la derecha más reaccionaria aceptando la tutela del Fondo Monetario y luego la presencia hegemónica de los Estados Unidos de Norteamérica en la economía y incluso en el plano militar.

Acuerdos con el Comando Sur de los Estados Unidos y convenios de “asistencia militar” permitieron la inserción de bases yaquis bajo el pretexto de combatir el narcotráfico y el terrorismo, así como el arribo de “misiones militares” norteamericanas, absolutamente ajenas a nuestras necesidades reales.

No obstante, señalar todas sus inconsecuencias, limitaciones y errores; hay que admitir que el gobierno de Humala mantuvo una política exterior independiente y progresista. Mantuvo siempre una conducta clara ante el proceso emancipador latinoamericano, aportó a UNASUR y a la CELAC, y estableció una línea de respeto referida a los procesos liberadores que hoy se viven en Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros países. La Libre Determinación, y la No Injerencia en los Asuntos Internos de los países; constituyeron una norma de nuestra política exterior, que la Mafia hoy quiere arrasar.

Así como Macri en Argentina quiere aprovechar su efímera victoria electoral del pasado 22 de noviembre para castigar a la Venezuela Bolivariana; así también aquí García, Toledo, Acuña, Kuczynski o la Keiko, gritan estentóreamente contra el pueblo y el gobierno de Venezuela, y juran que alejarán a nuestro país de sus hermanos del continente.

Ellos anhelan que Washington sea capaz de voltear la tortilla en América Latina, que se afirme la ola reaccionaria de Macri en el país del Plata; que caiga el gobierno de Dilma Rosueff en Brasil; que ellos se hagan dueños del poder en el Perú; que puedan vencer a la Revolución Ciudadana en el Ecuador; y aislar a gobierno de Evo Morales en Bolivia. Buscan, adicionalmente, aislar a la Revolución Sandinista, que recupera exitosamente Nicaragua; y aspiran a hacer fracasar la aun precaria experiencia salvadoreña.

Y ellos quieren también desaparecer la lucha social en el Perú. Lograr que las poblaciones no ofrezcan ninguna resistencia a la inversión minera, aunque esta sea letal para las poblaciones; que los sindicatos desaparezcan; que los trabajadores, no hagan huelgas; que la juventud no se dedique ni al estudio ni a la investigación, sino a la diversión y a la frivolidad; que la ciudadanía no piense en los problemas del país y que los deje en manos de ellos para su “mejor administración”

LA UNIDAD DEL PUEBLO ES UN IMPERATIVO

Toda esta ofensiva reaccionaria debiera encontrar masivo rechazo de la población. De alguna manera, eso está ocurriendo aunque de manera insuficiente. Hace algunos días, la población de Chimbote impidió con su presencia, la presentación de Keiko Fujimori en la plaza principal de la ciudad y la abanderada de la Mafia, debió renunciar a su propósito de hacer un mitin, y huyó.

Esta acción debiera generalizarse y hacerse extensiva a las otras cuatro cartas de la clase dominante. Ninguna de ellas, tiene nada que ofrecerle al pueblo.

Para derrotarlas, el movimiento popular solo tiene un camino: la Unidad más amplia. Si ella no es construida por las auto denominadas “vanguardias”, será forjada por el pueblo mismo que acumulará su más calificado porcentaje de votación en la candidatura que sea capaz de cerrar el paso a la mafia que nos acecha.

Los llamados “procesos unitarios” de a Izquierda formal aún no han dado sus frutos. El Movimiento Tierra y Libertad –con inscripción electoral propia- usa el membrete de “Frente Amplio” para dar la impresión de aglutinar a otras fuerzas, pero aún no lo logra. La “Unidad Democrática” –tras un enmarañado proceso electoral interno- no se afianza como alternativa popular. Otras fuerzas –como Perú Libre, o el Partido Humanista- parecen haber definido su voluntad de “marchar por su cuenta” en los comicios que se avecinan. Si así ocurriera, quedaría confirmada la dispersión del movimiento popular.

Si ella se alzara ante los ojos de los peruanos, cundiría la desmoralización y el escepticismo. Incluso, crecería el peligro que, proveniente de la extrema derecha, acosa a los peruanos. Hay que hacer todo lo que se pueda, para evitarlo.

Las direcciones de los llamados “Partidos de Izquierda” tienen ante sí, la responsabilidad principal en el escenario que existe; pero puede también ayudar a superar la crisis si le hacen caso a la voluntad de sus seguidores. Y, sobre todo, si prestan oídos al clamor de la ciudadanía que exige perentoriamente una suma de fuerzas para impedir que el Perú caiga en las garras de la barbarie.

Aun hay tiempo para eso. Hasta el 12 de diciembre es posible “construir alianzas políticas” y hay un poco más de tiempo para definir candidaturas presidenciales. No hay que tirar la esponja, entonces ni caer en el pesimismo. Hay que confiar, finalmente, en el instituto de clase de nuestro pueblo, que no dará su apoyo a las Mafias que hoy pululan en su entorno como aves de rapiña en busca de cuerpos indefensos.

Si la Unidad del Pueblo siempre es esencial, hoy puede decirse que constituye el primer imperativo de nuestra historia.

Lima, diciembre del 2015

El Centro de Estudios Democracia, Independencia y Soberanía

 

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Jornal de Arequipa

 

 

 

 

 

 

 

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