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Una retahíla de mentiras

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Gustavo Espinoza M. (*)

FEBRERO2019

 

Los hechos ocurridos en la frontera colombo-venezolana el 23 de febrero y que culminaran con una estruendosa derrota de los enemigos del régimen bolivariano; no tuvieron más virtud que destapar una retahíla de mentiras originadas en las alcantarillas del Imperio, y repetidas millones de veces por medios a su servicio.

Fue Juan Guaidó (o White Dog) el primero que usó la lengua castellana para hacer concebir a la opinión pública algo que no habría de ocurrir: el 23 de febrero -dijo- ingresará de todas maneras la “ayuda humanitaria” a territorio venezolano. Y eso, no sucedió. Ni por el lado de Colombia, el de Brasil o el de Guyana. Por les fue imposible violar la Patria de Bolívar. Al término de la jornada una fotografía patética mostró a los líderes de la coalición agresora hechos una noche. Virtualmente, no hubo palabras para explicar el fracaso de las “órdenes” impartidas, y que nadie cumplió. Los cariacontecidos mandatarios, en Cúcuta, tuvieron en silencio que admitir su derrota.

Aunque la CNN en sus reportes desde el mismo lugar de los hechos informó que la Gandola incendiada sufrió los efectos del fuego en territorio colombiano; la “prensa grande” en el Perú repitió, en las 48 horas siguientes, que fue Maduro quien “ordenó incendiar el vehículo con alimentos”. Y lo dijo quizá miles de veces a través de la radio, los programas de la TV y la prensa escrita, quizá con la esperanza que la mentira se le pegue a alguien en los intersticios cerebrales, y lo idiotice.

Pero ni aún así pudo ocultar dicha prensa un hecho inobjetable: Desde donde estaban los que incendiaron la Gandola, asomaron entusiastas guarimberos que se treparon raudamente para cogerse algunos “paquetes” y apoderarse de ellos, en un típico acto de saqueo. ¿Y dónde estaba entonces la Guardia Nacional Bolivariana? A más de 300 metros, sin tener injerencia alguna. Los incendiarios, arrancharon después el despojo de lo que habían generado.

Otra mentira descomunal rodeó al “concierto de la frontera”, financiado por el archimillonario Richard Branson. Reunieron alrededor de 4 mil personas y varios cantantes “de moda”, que cobraron entre 2 y 4 millones de dólares por su participación en esa, casi macabra, “fiesta” en la que “recaudaron” alrededor de cien mil dólares que dijeron iban a “donar” a los escuálidos venezolanos atravesados por el hambre y la desnutrición. No encontraron a ninguno. Alguien anotó que ese concierto fascista, olvidó a los 10 mil desaparecidos en Colombia por efecto de la política de sucesivos gobiernos asesino: Uribe, Santos y Duque. Juan Manuel Serrat los puso en evidencia.

El tema de los “desertores” de la Guardia Nacional fue el tercero que explotaron. Comenzaron hablando de dos, luego mostraron en fotos a cuatro. Pero, al trasmitir la información, dijeron primero 160, y luego “centenares” de supuestos “desertores”. Claro que no volvieron a mostrar a nadie más, por una sola y simple razón: No hubo ningún otro. Se trataba, de un brulote, una “noticia inventada” -una fake new- destinada a alimentar el escándalo. Estos “desertores” se fueron tripulando un vehículo que chocaron en la frontera. Olvidaron que la misión del soldado en una disyuntiva como la que enfrentaban, era defender las fronteras de la patria; y no “pasarse al enemigo”, como aparentemente ocurrió. Con esta mentira querían “alentar deserciones”, quizá; pero sobre todo dejar la impresión de una supuesta “ruptura” de la unidad castrense, una de las herramientas básicas del proceso bolivariano.

Pero las trampas fueron más. Los organismos humanitarios de Naciones Unidas se negaron a respaldar la acción del 23 de febrero arguyendo que era un operativo de corte político y no humanitario. Y la Cruz Roja Internacional denuncio que los promotores de la acción, habían falseado símbolos de la entidad para sorprender a la opinión pública.

Nada de esto arredró a los voceros de esta causa perdida. Mávila Huerta entrevistó “en exclusiva” a Eduardo Ferrero -ex canciller de Fujimori- para extraerle declaraciones contra el gobierno constitucional de Venezuela. Este, convino en la necesidad de adoptar dos medidas urgentes: romper la unidad de la Fuerza Armada Bolivariana y profundizar el bloqueo contra ese país. En suma, enfrentar a unos soldados con otros y reducir al pueblo a la indigencia para que “reaccione” contra Nicolás Maduro. Perversos “consejos” sin duda que a la entrevistadora del “Canal N” le parecieron “insuficientes”. Claman sangre, sin duda.

La gota que rebalsó el vaso en el tema fue “La Cumbre del Grupo de Lima”, celebrada el lunes 25. Para los halcones del Pentágono, la cita fue un fiasco. Convocada para buscar una “alternativa” a lo del 23, el diario “La República” la anuncio, como el preludio de la “intervención militar en Venezuela”. El martes 26, ese diario optó por eliminar toda referencia a la reunión de Bogotá en su portada porque la estrategia guerrerista, fracasó. Brasil y Perú -piezas claves en el entramado- no se atrevieron a dar su consentimiento para una acción militar. El Vice Canciller de Zela tomó el puesto de Popolizio, pero no la actitud.

En la Declaración final, entonces, los firmantes reemplazaron balas por palabras. En los 18 puntos del texto difundido, dijeron lo mismo: que el gobierno de Maduro es ilegítimo, y que el auto proclamado "Presidente" es el "Mandatario legal" de Venezuela, un gobernante que no gobierna. En el texto, hablaron de “múltiples heridos y muertos” como consecuencia de una represión que no se dio. Y no citan el nombre de un difunto porque todos ellos gozan de buena salud. Un documento patético y mentiroso, ha dicho “Resumen Latinoamericano” Y tiene razón. En este marco, los "halcones" se vieron forzados a batirse en retirada. .

Para cerrar la función, se tomaron "la foto del recuerdo": Solo Mike Pence, Ivan Duque y Juan Guaidó. No invitaron a los demás, porque los consideran "timoratos". Pero no hay que hacerse ilusiones. Nuestra América sabe que el enemigo, es extremadamente cruel y despiadado. Cuando atacaron República Dominicana, Granada o Panamá –para citar los más recientes- eludieron al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se zurraron en la OEA, y actuaron por su cuenta, en vivo y en directo. Con Venezuela, la historia es otra, pero no hay que bajar la guardia.

 

 

 

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