Chile: de nuevo el fascismo
 

Gustavo Espinoza M.

 OCTUBRE2019

 

Otra vez el ejército de Chile, uno de los más sanguinarios cuerpos militares de nuestro continente ha salido a las calles para defender los privilegios de una casta corrupta y envilecida, aquella que aplica en el sur de América el “modelo” Neo Liberal al servicio de los grandes monopolios.

“Estamos en guerra”, ha dicho Sebastián Piñera para justificar el bestial accionar de los uniformados. Así, las mismas fuerzas que aplaudieron a quienes bombardearon La Moneda en septiembre de 1973; han batido palmas cuando han visto caer a niños fulminados por las balas en las calles de Santiago.

Las imágenes recogidas por las redes sociales – y no siempre mostradas por la Tele- han sido simplemente espeluznantes. Y han hecho que la memoria de nuestros pueblos retorne a épocas de oprobio que creímos –ingenuamente- superadas.

La sangre de los caídos asomó fresca otra vez como en diciembre de 1907, cuando los fusiles del general Silva Renard abatieron a casi tres mil obreros del salitre en la Escuela Santa María de Iquique. Como en esa circunstancia, hoy también podemos decir “Benditas víctimas que bajaron / desde las pampas llenas de fe / y a su llegada lo que escucharon / voz de metralla tan solo fue” evocando la sentida cantata melódica de Francisco Pezoa.

Ahora no fueron necesariamente las pampas, sino las calles de la capital y otras ciudades de ese país tan largo y martirizado; pero el espíritu de los ordenaron tan aberrantes crímenes fue la reencarnación de Sergio Arellano Stark, el hombre de la Caravana de la Muerte que en octubre de 1973 recorrió la costa chilena fusilando trabajadores y estudiantes acusándolos de luchar por la justicia y la dignidad. Fue esa, una gota, pero de sangre

Los analistas políticos convienen en afirmar que la gota que hoy rebalsó el vaso, fue el alza injustificada de los pasajes del Metro de Santiago. Pero es claro que fue eso, apenas un inicio; porque lo que estalló después, fue el odio acumulado y trabajosamente contenido por millones de chilenos humillados y explotados vilmente por fuerzas extremadamente soberbias y poderosos, que jamás permitieron que el pueblo se expresara con legítima libertad.

En los 17 años de la dictadura fascista de Pinochet, el Ejército de Chile y sus armas complementarias, la Fuerza Aérea y la Marina, consumaron infinitos abusos contra el pueblo: asesinatos, torturas, desapariciones forzadas, secuestros, violaciones, fueron casi el pan del día en los barrios más humildes; en tanto que centenares de hombres y mujeres fueron arrojadas al mar, atadas en rieles, para perecer en las profundidades de océano. Cada uno de estos crímenes fue macerando en la conciencia de un pueblo que -porque tiene historia- tiene memoria

En estos años, se hicieron gloriosos numerosos nombres de hombres y mujeres. Martha Ugarte, Jorge Muñoz, Víctor Díaz, Miguel Enríquez, Víctor Jara; fueron unos cuantos a los que se sumaron otros que combatieron con firmeza ejemplar: Luis Corvalán, Volodia Teitelboim, Gladys Marín, entre muchísimos más.

En toda esta etapa de la historia, los versos de Pablo Neruda cantaron la epopeya y cincelaron sentimientos que hoy perduran clavos en piedra. La condena a los asesinos fue escrita con palabras de fuego: “Ellos aquí trajeron los fusiles repletos / de pólvora, ellos mandaron el acerbo exterminio / ellos encontraron aquí un pueblo que cantaba / un pueblo por deber y por amor reunido / / y la delgada niña cayó con su bandera / y el joven sonriente rodó a su lado herido / y el estupor del pueblo vio caer a los muertos / con furia y con dolor / Entonces, en el sitio / donde cayeron los asesinados / bajaron las banderas a empaparse de sangre / para alzarse de nuevo frente a los asesinos…”

Quienes conocieron esa historia podrían comprender con cabalidad por qué Guillermo Teillier, el Presidente del Partido Comunista, no fue recientemente a La Moneda para reunirse con Piñera bajo el pretexto del “frente común para defender la democracia”: “No quiero que me den la mano / empapada con nuestra sangre / pido castigo”, habría dicho con toda la razón del mundo el recio vocero de un pueblo indoblegable.

Mucho habrá de ocurrir más adelante. Incluso que militares de fila deserten de los escuadrones asesinos. Y es que también por los uniformados, ha pasado la historia.

Hoy, al sexto día de la lucha vigorosa de un pueblo ejemplar, vaya un abrazo solidario. Como ellos mismos lo dicen, no pelean aquí por 30 pesos, sino por 30 años de angustia y de dolor. El fascismo redivivo, no pasará esta vez por las calles de Santiago.

 

 

 

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