Un octubre inolvidable

GUSTAVO ESPINOZA MONTESINOS | Diario UNO

14OCTUBRE2018

 


Tradicionalmente para los peruanos, Octubre fue tan solo el mes del Señor de los Milagros. En la segunda parte del siglo pasado, se añadió un nuevo acontecimiento: la insurgencia militar de Velasco Alvarado, de la que se recordaron cincuenta años.

Más cerca todavía, un hecho nefando: el asesinato. De Melisa Alfaro, la joven periodista de semanario “Cambio”, que pereció víctima de un alevoso atentado terrorista consumado por el régimen de entonces, a través del Grupo Colina, hace 27 años.

Hoy, octubre tiene otra connotación. En apenas una quincena, se han sucedido hechos inéditos: la cancelación del indulto concedido por PPK en beneficio de Alberto Fujimori; la victoria edil de Jorge Muñoz, en el Municipio de Lima; la catastrófica derrota de Fuerza Popular en la misma circunstancia; la reacción de Vizcarra, que busca un referéndum más preciso; la ubicación de Antonio Camayo como “colaborador eficaz” y, finalmente, la detención de Keiko Fujimori, la candidata de la mafia en los comicios presidenciales del 2011 y 2016. Hechos, que, a no dudarlo, quedarán en la memoria de los peruanos.

Pero lo que deberá también quedar en la memoria, es la reacción de los llamados “actores sociales” ante estos acontecimientos. Los parlamentarios keikistas blindaron a Héctor Becerril y Pedro Chávarry, con la complicidad del APRA; la “prensa grande” tomó cautelosa distancia de la hija del dictador; los voceros de la mafia se desgañitaron clamando la inexistente inocencia de su lideresa; el juez Carhuancho, elevado a la categoría de pro hombre de la patria, continuó su tarea judicial…

Lo curioso fue que este juez se ganó un puesto en el pecho de Karina Calmet cuando dispuso la captura de Ollanta Humala y Nadine Heredia, hace casi un año. Ella -y los suyos- se mandó hacer pintorescos polos con la foto del juez, rindiéndole pleitesía. Hoy, lo cubren de improperios de arriba a abajo, sin miramiento alguno.

Es curioso, cuando algunos dijeron en defensa de su esposa que no debía ser privada de su libertad tan inopinadamente una madre de dos hijos pequeños; los voceros de la mafia dijeron que eso era culpa de ella.

¿Para qué, si era mafiosa, había traído hijos al mundo?, se preguntaron. Y ¿para qué se metió en esas cosas, teniendo hijos pequeños?, apuntalaron los menos agresivos. Pero todos dijeron -a una sola voz- que nadie debía “tener piedad” de una mujer, porque era madre.

En este octubre, sin embargo, y luego de lanzar diatribas del más variado calibre contra el juez Carhuancho, aluden a la condición de madre de Keiko Fujimori”; y la congresista Aramayo afirma –con lágrimas en los ojos- que “por ser madre”, nunca debió ser encarcelada.

Es la misma lógica que exige la libertad de Fujimori porque tiene 80 años, y calla cuando le dicen que hay otros presos que tienen más, y siguen presos.

De todos modos, así como van las cosas, este octubre habrá de ser inolvidable.

 

 

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