Aún, las aguas bajan turbias
 

 Gustavo Espinoza M.Diario UNO

 6OCTUBRE2019

 

Suele decirse que quien sufre una derrota política tiene derecho a tomarse las siguientes 24 horas para maldecir a sus jueces; pero luego, su reacción debiera ser más inteligente.

Ocurre sin embargo que, en nuestro país hay quienes no asumen tan elemental criterio quizá porque nunca fueron Políticos. Hicieron uso de la política –que es distinto- para alcanzar privilegios y defender intereses; pero nunca para tomar en sus manos el destino del país y de su pueblo. Por eso ahora continúan una perorata insufrible que dice muy poco de sus propia consistencia humana. Señal, sin duda, que aún las aguas bajan turbias

Recordemos brevemente que, ante la crisis nacional, el 28 de julio pasado el Presidente Vizcarra tendió la mano al Congreso y le formuló una propuesta sensata: “como no podemos entendernos, ni resolver nada; vayámonos todos juntos, y aseguremos que venga un nuevo gobierno” les dijo más o menos en términos concretos.

A partir de allí se perfiló en el escenario del Congreso no sólo el rechazo a la iniciativa, sino también una maniobra orientada a un propósito definido: Ándate tú, que nosotros nos quedaremos, llueva o truene. La idea trajo preñada una iniciativa francamente golpista: seducir a la Vice Presidenta Mercedes Araoz, para que ella asuma la Jefatura de la Nación. Eso último no fue nada difícil porque para la doña, se trataba de una Pera madura y a punto de caer en sus predios. Así, la conjura se puso en marcha y el tema de la Vacancia Presidencial dispuesta por el Legislativo, cobró dimensiones, a la sombra de la ambición y la codicia.

Hoy, después de ocurridos los hechos del 30 de septiembre y disuelto constitucionalmente el Congreso de la República; los vencidos viven el pasado y demandan que el Jefe del Estado renuncie a su cargo. Así, entonces, “nos iremos todos”, dicen en el marco de una incontenible lloradera que mezclan con duras imprecaciones y hasta alusiones demoniacas (“Hugo Chávez se ha reencarnado en Martin Vizcarra”, aseguran balbuceantes).

Es bueno que hoy pasados siete días de los hechos, vuelvan a la realidad y se den cuenta que ya todo cambió. Ellos no son lo que eran, y el escenario que afrontan es radicalmente distinto: perderán sus privilegios y deberán rendir cuenta de sus actos. No tienen otra.

El Congreso, ya no existe. La Comisión Permanente tiene las mismas funciones de una Mesa de Partes y no tiene más tarea que velar por funciones administrativas, y tramitar documentos que les envíe el gobierno. No puede ser, entonces, tribuna para discursos sediciosos ni llamamientos fuera de lugar. Si quieren hablar en voz alta -y encuentran quién los escuche- que vayan a la Plaza Pública. Eso, no le costará al Estado.

El Tribunal Constitucional, por su parte, sigue funcionando con su composición anterior porque nadie lo ha disuelto. Y el primo del señor Pedro Olaechea no podrá integrarse allí porque su elección fue ilegal, y porque incluso el fraude que hizo “posible” el puesto al que aspira, no quedó consumado. El voto que se usurpó –el que pertenecía a la congresista Foronda- fue el que le dio el “87” a Gonzalo Ortiz para que “ganara”, porque sin él, no habría alcanzado el número requerido. Anulado ese voto, se consagra la nulidad de esa elección.

Las elecciones congresales de enero renovarán temporalmente el Parlamento Nacional, y la ciudadanía concurrirá a votar, y haciendo honor a la experiencia adquirida, tendrá más cuidado al sufragar y no votará ni por corruptos, ni por incapaces. Esos comicios, serán para todos un “ensayo general” de las elecciones del Bicentenario. En abril del 2021 se habrán de definir cosas.

Por eso, el pueblo seguirá en lucha: Los trabajadores recusarán el Decreto Legislativo 345 y todas las “reformas laborales” impulsadas por la CONFIEP. Los jóvenes defenderán sus Universidades para que no sean botín de mafiosos. Las mujeres bregarán por sus derechos y por la igualdad. Los agricultores preservarán sus tierras. Y todos los peruanos conscientes combatiremos contra el Neo Liberalismo, la írrita Constitución de la Dictadura y la política internacional que nos asigna Washington como “gendarme” de sus intereses.

Por lo demás, se seguirán conociendo los “codinomes”, y las truhanerías de la Mafia. Y continuarán cayendo las máscaras en lo que hasta hoy ha sido una suerte de baile de disfraces en la que los malos se vistieron de buenos para sorprender a incautos.

Por cierto que hay que combatir no solo por hoy, sino también por mañana. Por recuperar las riquezas básicas en manos de consorcios extranjeros, por asegurar una economía social que proteja a los más necesitados, por garantizar un verdadero Estado Democrático, y por practicar una política exterior independiente y soberana, de amistad y de solidaridad con los pueblos de nuestro continente.

Finalmente, el país superará la crisis y será capaz de forjar su propio derrotero.

 

 

 

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