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La mujer de barro

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Por Gustavo Espinoza M. (*)

 

 

 

 

No. En el Perú no se trata de María, la trabajadora temporera de Coquimbo presentada en la película chilena de Sergio Castro San Martín, bajo el sugerente título de “La mujer de barro”. Se trata de Evangelina Chamorro Díaz, peruana de 32 años y madre de dos niños de 5 y 10 años, respectivamente, que -arrastrada por un inclemente huaico en las afueras de Lima el pasado 16 de marzo- logró sobrevivir gracias a su entereza y a su firme voluntad.

Se le llama ahora la mujer de barro, aunque se le podría denominar también la mujer de acero; porque mostró una consistencia singular ante el desafío que, en cualquier otra circunstancia, le habría podido costar la vida a hombre, o mujer, de nuestra tierra.

El Perú no se repone aún de las dimensiones de la catástrofe que vive: Las primeras cifras conocidas, son estremecedoras: 63 fallecidos; 62.642 personas afectadas; 552,866, damnificados; 170, heridos; 11, desaparecidos; 1. 231 kilómetros de carretera destruidos; 3,354 km., afectados; 117 puentes caídos; 19 colegios colapsados; 900 centros educativos afectados

Igualmente, 19 de las 23 regiones, severamente golpeadas; 192 provincias y 830 distritos, invadidos por huaicos, o anegados por lluvias. Daños materiales que aún no se pueden calcular, pero que ya suman millones de dólares.

Y ese, es el comienzo de una tragedia. En el centro de ella, una mujer que se levanta del barro y cuya imagen ha dado ya la vuelta al mundo. Ella vivía -vive, más bien- en un pequeño y modesto corral, en “La Tranquera” en las inmediaciones de Punta Hermosa, a 48 kilómetros al sur de Lima, dedicada al cuidado de algunos pocos animales domésticos. Y había salido de casa para llevar a sus niños a la escuela. Ya había retornado, cuando todo comenzó.

Se encontraba con el esposo -Armando Rivera- en la vivienda y, de pronto, se vino el aluvión. No hubo forma de eludirlo. Ambos fueron tragados por el lodo, pero él alcanzó a ponerse a salvo. Ella, siguió devorada por la fuerza de agua, piedras, lodo y basura que la sepultó en un instante y la arrastró por casi 600 metros hacia el mar, haciéndola tragar tierra y lodo.

Tuvo suerte, sin duda. En un momento ocurrió que árboles, ramas y palos construyeron espontáneamente un recodo en el camino de las aguas. Y ella fue expulsada del torrente hasta quedar debajo de un andamiaje de maderos. Allí, encontró su salvación.

Cuando un centenar de personas ubicadas en la orilla veía alucinado el torrente indetenible, de pronto distinguió que, desde el lado de las tablas, emergía un cuerpo de mujer. Era Evangelina, cubierta de barro y de lodo; irreconocible, pero viva.

A partir de allí comenzó un nuevo episodio. Levantándose y cayendo, ella logró ganar la orilla. Y allí se desplomó. Felizmente, estaban ya a la mano los brazos extendidos, el auxilio indispensable. Y la mujer pudo ser extraída y conducida a un centro hospitalario, donde hoy se recupera.

Múltiples han sido los comentarios alusivos al hecho. Todos, han coincidido en asegurar que fue su fuerza personal, y el vigor de su causa -sus hijos- lo que alentó a Evangelina a enfrentar el reto, y superar el trance. Pero la historia, y las imágenes que se tornaron “virales” en las redes, quedarán mucho tiempo en la retina de millones.

La catástrofe del Perú da para mucho. Hoy todos hablan de “la unidad de los peruanos”. Y si, todos debemos unirnos para ayudar a las víctimas de esta horrenda tragedia.

Pero la unidad, no puede tolerar truhanerías. Los “troles” de la Mafia aseguran, por ejemplo, que la culpa de todo lo que ocurre, la tiene el gobierno de PPK por haber inventado la “ideología de género”, que ha “despertado la ira de Dios”. Mientras dicen eso, se preguntan: y qué hizo el gobierno de Humala para prevenir esta catástrofe?

No. No fue la ira de los dioses, ni la “imprevisión” de Humala. Fue la cruel respuesta de la naturaleza al también cruel trato que le damos, de manera cotidiana, los peruanos. Y fue el fracaso de la política de la clase dominante que durante décadas admitió, en nombre de la “libertad” toda clase de arbitrariedades.

Para que la gente tenga el “derecho” a escoger su lugar de vivienda, permitió que se levantaran moradas en las zonas más precarias: en el cauce del rio, al pie de la montaña, al borde del acantilado. Y para respetar “la libertad de comercio” aceptó que se construyeran edificios y viviendas, sin control alguno; y que cada quien se dedicara a “lo suyo” , sin planificación de ninguna especie. Es esa hoy, la fuente del caos.

Pero hay más. En 1869, hace 148 años se levantó en Lima el Puente Balta, para unir, sobre las aguas del rio Rimac, el centro de la ciudad con el norte de la misma. Ese puente permanece hoy, cual fortaleza inexpugnable. Pero hace 10 años, en su primera gestión metropolitana, el actual alcalde Luis Castañeda, hizo construir un puente -“Solidaridad” le llamaron, cuando lo pintaron de amarillo-. Este puente se vino abajo sin mayor resistencia al embate de las aguas. No es solo “libertad”, también es “negocio” lo que va.
 


Con cinismo ejemplar, y acosado por la prensa, el alcalde Castañeda alcanzó a decir: “este derrumbe sólo demuestra que la naturaleza, venció a la ingeniería “

Contra toda lógica y razón la mayoría parlamentaria fujimorista mantuvo hasta la noche del miércoles 15 la “interpelación” al ministro Martín Vizcarra, a la vez Vicepresidente de la República, para iniciarla el jueves 16 a las 9 de la mañana. Pero las noticias de los huaicos y derrumbes fueron tan abrumadoras, que muy tarde de esa noche, la “Junta de Portavoces” del Legislativo decidió “suspender” la sesión parlamentaria”, hasta “nuevo aviso”. Hubiese sido de película ver a los 130 congresistas intentar despellejar a un ministro mientras el país entero vivía agobiado por las lluvias y desbordes.

La imagen de tan descomunal ridículo, hizo retroceder a la Mafia. Pero ella retrocedió -como lo dijo literalmente Lu Salgado- “hasta nuevo aviso”. Apenas pase lo que hoy ocurre, se lanzará otra vez como una fiera a la yugular de quien tenga al frente. A eso le llaman la “necesidad de unir a todos los peruanos”

Dos vertientes sería indispensable sumar para atender los requerimientos de todos los peruanos: Asegurar que Roque Benavides y los empresarios de CONFIEP pagaran lo que adeudan al Estado; y que los condenados que integran la Mafia fujmorista, cancelen las reparaciones pendientes, y de las que hasta hoy, no han abonado un centavo.

Si lo hicieran, se podría comenzar a hablar de la “unidad de todos los peruanos” para enfrentar la crisis. Por ahora lo que manda, es la fuerza del pueblo, y que nadie ha podido ocultar.

La hemos visto en las cadenas humanas ideadas para salvar personas y animales en las zonas más deprimidas de las ciudades; en la abnegada labor de los policías de tránsito que con el agua a la cintura desempeñan sus funciones para evitar el caos; en la recolección de ropa, víveres y vituallas, asumida por algunos medios de comunicación impelidos por la voluntad ciudadana.

En este marco podrían -y debieran- aflorar y multiplicarse las brigadas sindicales, integradas por trabajadores de todos los sindicatos y centrales; y encargadas de tareas solidarias en trabajo voluntario y en provecho de la comunidad.

El Perú ha vencido retos más duros que éste, y saldrá adelante, sin lugar a dudas. Pero será mejor que salga porque los peruanos de verdad nos damos la mano; no para reconstruir un pasado obsoleto; sino para construir un futuro mejor.

(*) Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe

 
 

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