A los 80 años de la muerte de Cesar Vallejo y a los 88 de la Partida del Amauta, hagamos honor a los viejos ideales que ellos nos legaron.

A propósito de las cumbres

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Gustavo Espinoza M. (*)

 

 
 

Luego de días tensos, culminaron en Lima los dos más esperados eventos en lo que va del año: la Cumbre de las Américas, prevista por los gobiernos en el marco de la OEA; y la Cumbre de los Pueblos, convocada por las organizaciones sociales y políticas de nuestro país, con la idea de esbozar un camino distinto al trazado por la clase dominante.

El primero de estos certámenes era no una reunión de países, sino de Jefes de Estado y de Gobierno. La suma total era, originalmente, de 35, pero uno de ellos fue excluido por orden expresa de la Casa Blanca, sumisamente acatada por el gobierno peruano. Quedaban 34; pero finalmente arribaron 12. Otros, acreditaron representantes de menor nivel y hasta hubo quien hizo acreditar a su hija dándole una jerarquía administrativa que la prensa servil y obsecuente admitió como una gracia. Donald Trump –el amo yanqui- no concurrió y tuvo el descaro de admitir que su ausencia, se debería a su intención de preparar la guerra contra Siria.

Los países del Alba, no vinieron; y otros importantes, dejaron de asistir quizá en rechazo a la discriminación ridícula impuesta contra el Presidente Nicolás Maduro. Así, no estuvieron los mandatarios de Nicaragua, El Salvador, Cuba y Uruguay; pero tampoco los Jefes de Estado de Paraguay, Haití, República Dominicana y otros países. Concurrieron, si, quienes, cuya sola presencia era una socarrona ironía: para tomar medidas contra la corrupción, estuvieron Peña Nieto, Temer, Macri, y algunos más. Moreno, el mandatario ecuatoriano, debió irse apenas llegó, noticiado de la aciaga suerte de tres rehenes que él se resistió salvar.

Los organizadores de la cita aseguran que “fue un éxito”. Y arguyen tres razones: Estuvieron 33 países, emitieron una declaración común y articularon su rechazo al gobierno de Venezuela. Por un éxito como este, hace muchísimos años, Pirro, el rey Persa, dijo los suyos: “otra victoria así, y estamos perdidos”.

Si claro, si de 34 convocados concurren 12 y el resto vino acreditado por delegados, nadie en su sano juicio, puede hablar de “éxito”. ¿Hubo una declaración “de consenso”? y cómo no. Si se trataba de condenar la corrupción, ¿alguien podría negarse a firmar el documento? Ni Peña Nieto -ni Temer- se habrían atrevido a estar en contra, ni a decir que ellos sí, eran partidarios de la corrupción. Y lo de la “condena a Venezuela” resulta aún más falso. Hubo un documento distinto suscrito sólo por 16 países –menos de la mitad de los esperados- que opusieron su firma en la base de ese papelote que quisieron hacerlo posar como “Declaración de la Cumbre” con la complicidad de la “prensa grande”. También allí fracasaron.

La otra Cumbre –la de “los Pueblos” fue mucho más productiva. No sólo generó amplios debates, espacios unitarios, dialogo fructífero y voluntades comunes; sino también importantes movilizaciones sociales y de masas. El acto inaugural –en la Derrama Magisterial- el martes 10 fue, sin duda, muy representativo. La Marcha Antiimperialista del jueves 12 por las principales avenidas de la ciudad, fue la más grande de ese signo en lo que va del siglo XXI, superada tan sólo por acciones de orden interno; como la lucha contra la corrupción y la Mafia APRO-KEIKISTA. Y el “cierre” el sábado 14 en la explanada del Rectorado de la Ciudad Universitaria de San Marcos, un ejemplo de arte, cultura y solidaridad manifiesta.

Cuba, Venezuela, Bolivia brillaron con luz propia. Pero junto a ellos estuvieron jóvenes de todos muchos países: Chile, Paraguay, Colombia, Ecuador, Costa Rica, Panamá, Guatemala, El Salvador; para citar sólo algunos

La “Prensa Grande” –escrita, radial y televisada- pretendió ocultar los eventos, pero se dio cuenta que eso, no era posible. Entonces buscó “embolsarlos”. Pero perdió la batalla en el intento. Atilio Borón –el prestigiado filósofo argentino- dio clases de paciencia y sabiduría ante un panel obtuso, integrado por Aldo M., Fernando Carvalho y Patricia del Rio. Y el Canal 31 -Phillips Butthers- debió suspender su programación prevista para el viernes 13 porque su “invitado especial” -el jefe de la página editorial de un calificado diario- no quiso debatir conmigo sobre el tema Venezuela y otros, referidos a la Cumbre. En suma, mostró la horfandad de sus raídas banderas.

Bien podemos considerar exitosos los eventos de la Cumbre de los Pueblos. Pero aun ellos pudieron -y debieron- ser mejores. No tiene sentido, sin embargo esbozar reproches. Se hizo lo que se pudo, y no siempre lo que se quiso. Y lo que ocurrió en los días transcurridos entre el 10 y el 14 de abril, constituye una apreciable experiencia para todos.

Ahora, hay que mirar adelante. Consolidar la unidad lograda, pero ampliarla en dos sentidos: en extensión y en profundidad.

Mirando lo primero hay que acabar con la falsa polarización discriminatoria. No tiene sentido insistir en diferenciar segmentos del campo popular motejando a unos como “reformistas” y a otros como “revolucionarios”. Otro será el momento para ese deslinde. Y ojalá que cuando eso ocurra, unos y otros jueguen un buen papel en esta historia. Tampoco tiene sentido relegar a alguien bajo el argumento falaz de que apenas “es un caudillo”. Ojalá podamos unir a todos los caudillos tras una misma bandera. Finalmente no hay que anteponer objetivos electorales para el cumplimiento de tareas que son eminentemente políticas. Hay que construir una base política solida y unitaria. Con ella -y solo con ella- podremos luchar en todos los terrenos, incluido el terreno electoral.

Y la Unidad tiene que proyectarse “hacia abajo”. Y no quedarse “en las altas esferas”. Porque es abajo donde hay que luchar para unir al pueblo, organizara las masas, crear conciencia y sentimiento de clase y promover y alentar las luchas.

Más allá de las palabras, las acciones marcarán el rumbo de nuestro pueblo. A los 80 años de la muerte de Cesar Vallejo y a los 88 de la Partida del Amauta, hagamos honor a los viejos ideales que ellos nos legaron.

(*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera.

 

 

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