Es la lucha de clases, señor presidente
 

Gustavo Espinoza M.

 AGOSTO2019
 
Cuando el Presidente Vizcarra autorizó la disposición orientada a facilitar a la Southern el “inicio de obras” para la explotación de los yacimientos de cobre de Tía María, pensó que estaba haciendo una gestión burocrática y administrativa, una simple función de gobierno consistente en aligerar el proceso de una inversión extranjera que –según la cartilla establecida- “ayudaría al desarrollo y el progreso de la región”.

Y cuando, luego de advertir el rechazo masivo de los agricultores del Valle de Tambo y las poblaciones aledañas, decidió “dejar en suspenso” la disposición concedida, creyó que simplemente “cedía ante una demanda ciudadana”.

En ambos casos obró con la misma ingenuidad de Monseur Jourdan, el burgués gentilhombre de Moliere, que después de vivir más de cuarenta años, descubrió que hablaba en prosa, sin saberlo. Puso en evidencia la lucha de clases. Se dio cuenta que había tocado las fibras más sensibles de la sociedad de nuestro tiempo y resaltado lo que algunos abominan cual espantajo del infierno y que Marx definiera apenas como el factor que “mueve la rueda de la historia”

Ahora si, cuando tiene en su contra a la Southern Perú Cooper, a la CONFIEP y sus bases –la Sociedad de Minería, la Sociedad de Industrias, la Banca y los Productores- y cuando debe enfrentarse a los Partidos más reaccionarios –el APRA y el fujimorismo-; pudo comprender que se había metido como el gato en despensa ajena.

Ahora tiene al frente a la “Prensa Grande”, al Tribunal Constitucional, al Congreso de la República, al Poder Judicial y probablemente también a la cúpula de las Fuerzas Armadas.

En otras palabras el Mandatario peruano, casi sin quererlo, ha generado la respuesta de “los resortes del Poder” en esta sociedad Neo Liberal y Dependiente.

Parodiando al Quijote podría decirle a su escudero: “Con la Iglesia, nos topamos, Sancho”.

La grita multánime desatada contra el Presidente Vizcarra, y a la que suman desde Mónica Delta hasta Milagros Leyva, tiene su origen, sin ninguna duda, en la defensa de los intereses del gran consorcio minero imperialista.

Si el inquilino de Palacio hubiese optado por imponer el proyecto de marras “a sangre y fuego”, otro sería el cantar de “los medios”. Una episódica letanía por la secuela de la “resistencia a la autoridad” hubiese durado un par de días para perderse luego en las infinitas recriminaciones contra “los agitadores” que “se opusieron a la ley” es decir, que obraron “al margen de la sensatez y la prudencia”.

El sino fatal de nuestro tiempo -y de otros también- es que no hay acontecimiento que escape a la dinámica que envuelve la lucha social.

No sólo en las fábulas, las orejas del lobo asoman aunque los ingenuos las pinten como si fuesen corderos. También ocurre eso en la vida cotidiana. Las clases se mueven de manera independiente de la voluntad de los hombres y regulan sus vidas, obligando a unos y a otros a cumplir el papel que les corresponde en cada coyuntura.

Si el Presidente Vizcarra se siente débil y no se cree en capacidad de resistir la ofensiva de “los poderosos”, finalmente habrá de capitular. Si, por el contrario, quiere hacer honor al sentimiento popular que en todos los rincones de la patria le reclama la mismo –“¡cierre el Congreso”!-, obrará de manera coherente con la voluntad ciudadana.

Por lo pronto, “ha cedido” ya a la insinuación de la CONFIEP envuelta en papel de seda, y enviada desde la Presidencia del Poder Legislativo. Tendrá entonces un “diálogo” con el señor Olaechea, vocero oficioso de las entidades patronales y éste le expondrá “dos caminos” para “resolver la crisis de gobernabilidad” por la que atraviesa el país:

1) Que usted renuncie a la Presidencia de la República y transfiera el Poder a la señora Mercedes Araoz con la que “nos entenderemos”, y

2) Que usted retire la propuesta legislativa referida a la renuncia de todos, y el adelanto de las elecciones. Puede escoger

Como verá -le dirá luego- “somos demócratas, y no lo ponemos ante un callejón sin salida. Le ofrecemos hasta dos. Podrá optar por la que más le guste. Nosotros respetaremos escrupulosamente su voluntad”.

Escoja ya.

Si el señor Vizcarra finalmente tranza, quedará pintado en la pared como un monigote vulgar y silvestre. Si, por el contrario, se levanta ante la adversidad y mira al pueblo, podrá liderar un movimiento que lo proyectará en la historia. Veremos cuál es su opción

 

 

 

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