Volveremos

©

 

Elías Rojas Paredes

 

 

 

 

Leo los debates de los izquierdistas en el Facebook y simultáneamente escucho los temas musicales soviéticos de la II guerra mundial. Vaya mezcla. Por un lado, se destila solo odio y venganza, por el otro fuerza, cariño y futuro. Y en verdad parece que se trata de los mismo, pero no, es solo apariencia. Mientras que los hombres y mujeres que salvaron al mundo del fascismo ponen acento en el futuro, esta izquierda, la peruana, hace todos los méritos para vivir en la caverna, en permanecer en el pasado.


Odios viejos, odios renovadores


Algunos pueden pensar que es el peso de los años los que han postrado a radicales líderes en el fango del pasado, la nostalgia y el conservadurismo. No es cierto. Esos líderes radicales de otros tiempos hoy sufren la enfermedad del poder y del miedo a una vejez miserable. Mantener el control del poder para usufructuar los bienes del pueblo les garantiza estabilidad económica y buena vejez. Por ello combaten todo lo que atente contra lo establecido. Como la verdad revelada es insuficiente para justificar las políticas en contra de sus enemigos internos, recurren a exacerbar el odio y la venganza.


Claro desde la otra orilla de la espiral, son contemplados por los renovadores que juzgan con severidad el fracaso de los “viejos” y la corrupción en la que están inmersos. Pero, después del espectáculo que dan es poca la autoridad moral que tienen para juzgar. Nuevamente aparece como eje de la disputa el odio y la venganza. Curioso, aquellos que no han dirigido nunca una lucha social, que nunca han asumido responsabilidades más allá de las conversas rociadas de radicalidad transitan por el mismo camino que critican. Se parecen, pero no son lo mismo.


Por lo menos los otros entregaron su vida por la revolución, construyeron sindicatos, organizaron pueblos jóvenes, se vincularon a los campesinos, murieron, estuvieron presos, vivían en la clandestinidad. Estos que pueden exhibir. Que se haya puesto un papel en el pecho y que por eso haya sido detenido ¡vaya proeza!, que marcharon contra la ley pulpin, en el día del orgullo gay, que se vistieron de colores para defender la diversidad sexual, que defendieron a los animales, que salen a movilizarse en solidaridad con los que luchan en el Valle de Tambo o Conga pero que nunca se juntarían con ellos. Y sin embargo se odian hasta llegar a la venganza como política.


Son lo mismo, reciben financiamiento de las mismas matrices internacionales sea de la socialdemocracia o de USAID. Esa puede ser una de las explicaciones: quien controla los recursos económicos. Otra explicación, que no es excluyente de la primera, se encuentra en la relación que han abierto con el sistema, desde sus fundaciones y ONGs, viven del sistema y para el sistema. Cambiarlo atenta en contra de su bolsillo. Cuando llamaron a votar por PPK lo hacían en esa perspectiva, es decir protegían los contratos de asesoría y consultoría con los ministerios. No era cerrarle el paso al narcoestado fujimontesinista, sino que los fujis no les cierren el negocio.


“Te dejo el partido a cambio del 80% de los millones” le dijo el moralista renovador a su oponente de ocasión. “Sino me das el dinero se viene la guerra”. Y se vino la guerra. Pero no se parecen a las antiguas donde había el esfuerzo por diferenciarse teóricamente, estos piensan igual, suscriben el mismo programa, pertenecen al mismo círculo social, defienden la diversidad, el matrimonio homosexual, se sienten ecológicos y medioambientalistas, aman los gatos, perros, las ratas y los toros. Nada los diferencia salvo el poder de quien controla la franquicia electoral y el dinero. Allí acaban las coincidencias y comienza la guerra.


Un camino distinto


No cabe la menor duda que la izquierda requiere renovación. La historia señala que es un proceso que tiene dos componentes: la formación de una generación política, que hace política sin maestros y con mucha iniciativa; y, la propuesta de sociedad, la utopía a construir, el programa que busca acabar con el capitalismo.


Si miramos la miasma del odio y la venganza llegaremos a la certeza que no hay nada. Nunca serán una generación política, nunca tendrán un programa para construir otra sociedad. Los que vienen se atrás ya no pueden producir nada y los nuevos se pierden en cómo vivir en el sistema.


Entonces, la renovación es una tarea pendiente. Tenemos que partir de recuperar que somos la fuerza del futuro, pero para ser tal hay que volver a sistematizar la experiencia, hay que volver a mirar los momentos fundacionales, la construcción del Partido Comunista, la construcción de los sindicatos, del movimiento barrial, campesino, magisterial, estudiantil. Así como estudiamos la historia, también hay que ir a trabajar con los sujetos sociales de la revolución, aprender de su experiencia de lucha, de la forma como han enfrentado al capitalismo en el terreno concreto de la vida diaria, de las organizaciones que han construido y de cómo se han enfrentado con el capitalismo en forma colectiva. Además, requerimos beber de la teoría y hacer teoría. Asumir que no hay nada sagrado, desde la perspectiva que si se quiere ser lo mejor del pensamiento humano debemos ser síntesis, para lo cual no hay dogma que valga sino rigor en el método dialéctico. Finalmente debemos de asumir que siempre pensamos en función de la revolución, en construir una sociedad socialista.


Cada día que pasa esta certeza va adquiriendo cuerpo, se va haciendo carne. La izquierda neoliberal ha terminado su periodo con la derrota de Hilary Clinton, la agenda de minorías sociales está dando paso a la lucha de clases en el terreno de la relación capital – trabajo. La verdad es que nunca desapareció la lucha de clases, lo que pasa es que la estrategia de dominación y explotación le puso el discurso a la izquierda, ese es el discurso de las minorías sexuales, étnicas y de género. Además de discursos medioambientales sin atacar la raíz del capitalismo. Ahora quieren que el discurso sea el del populismo, no el del siglo pasado sino uno que termine como syriza o Lula. Pero el viejo topo, para su desgracia, sigue horadando y en ese terreno debemos de insertarnos con la voluntad de vencer y de ser el futuro.


Volveremos, si volveremos. Como aquellos comunistas soviéticos que salvaron al mundo, volveremos como en el jardín primavera fundando el Partido Comunista, volveremos como José Carlos Mariátegui, Cesar Vallejo, Carlos de Amat, Augusto Chávez Bedoya, Carlos de la Riva, Eloy Villanueva. Volveremos porque la realidad lo exige, volveremos porque hay que acabar con el capitalismo y construir una sociedad socialista.


28jun2017

 

www.jornaldearequipa.com