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Dos mujeres

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LA REPÚBLICA

 

 

 

 

 

Un pequeño acto de suicidio naranja
Claudia Cisneros


El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente, decía el político e historiador inglés Lord Acton. Bastó que a Keiko Fujimori le dieran un poco de poder absoluto y demostró cuán prepotente y dictatorial puede ser y qué tan poco le importa el Perú.

El fujimorismo no había tenido esta cuota de poder desde que Fujimori y Montesinos desgraciaron al país. Si algo quedó comprobado con la censura al ministro Saavedra esta semana, es que el fujimorismo liderado por Keiko puede ser tan abusivo y destructor como el de su padre. Felizmente no ganó la presidencia. Porque si con un poco de poder absoluto en el Congreso es capaz de dirigir y alentar una masacre prefabricada de mentiras, chantaje y obstruccionismo, de qué no sería capaz en la presidencia. Quien es capaz de tirarse abajo la reforma que busca una mejor educación para todos los peruanos, solo por cuidar los dineros de universidades-fraude que financian sus campañas o dan de comer a sus lacayos, es capaz de cualquier daño al Perú. Keiko solo usa al peruano cada cuatro años para canjearle por tapers, cheques y plata su voto rumbo al poder.

Con la censura a Saavedra los fujimoristas demostraron una vez más lo disciplinados que son para abusar del poder. Solo se ponen la careta de demócratas cuando el poder no les alcanza para abusarlo y necesitan asegurar mínimos derechos políticos. Pero en cuanto tienen suficiente poder para actuar sin restricciones ni filtros, se zurran en todos y todo. Para el fujimorismo la democracia es solo una vía de acceso al poder, y a más poder, menos democracia. Son expertos manoseándola. Toda buena fe en la que se funda este sistema, como por ejemplo: el equilibrio de poderes, es violentado por estos déspotas que creen que la mayoría congresal que tienen, y el poder que emana de ella, legitima su abuso. Creen que la mayoría congresal, solo por ser legítima, legitima que ellos la usen para desequilibrar los poderes del Estado, para desestabilizar y debilitar al gobierno, para poner en puestos de instituciones claves a su gente inmoral, analfabeta funcional que degrada la institucionalidad y la política.

El problema no es que sean mayoría y negocien algunas cosas como cualquier partido. El problema es que una vez que no tienen quién les ponga límite, pierden racionalidad, cae la careta de moralidad y democracia que usan cuando el poder no está totalmente de su lado o cuando tienen que engañar al pueblo para arrancarle el voto.

La encrucijada que hoy enfrenta el país es delicada. El gobierno de PPK no sabe o no quiere confrontar políticamente a su verdugo en ciernes. O porque no llega a aquilatar el verdadero peligro que representa y aun cree que, por ejemplo, una cuestión de confianza comporta mayor riesgo de inestabilidad que 4 años y medio de liderazgo errático y malsano de Keikosss. O porque Zavala desayuna Keikosss muy a menudo y elige creerle a su verdugo. Lo cierto es que el Ejecutivo no avanza porque va apagando los incendios prefabricados de la bancada dictatorial. En 4 meses ha citado 129 veces a los ministros al Congreso con cualquier excusa. Y además de haber copado de impresentables personajes la Defensoría, SUNAT, BCR, Contraloría, ahora van por la Procuraduría. Todas armas poderosísimas para tener al gobierno de rodillas.

El fujimorismo es hoy un lastre para Perú. Lo que ellos llaman fiscalización anticorrupción es meramente obstruccionismo. Si fueran consecuentes, empezarían por investigar en casa: Joaquín Ramírez y DEA, congresistas fujimoristas y lavado de activos, Luz Salgado-colaboradora de Montesinos y las millonarias compras de computadoras a una empresa fantasma, canastas navideñas que son una cachetada al peruano promedio, turrones que regalan con nuestro dinero y más. Nadie, excepto la masa poco crítica, los receptores de tapers y sus sectarios, cree al fujimorismo de Keiko que lo de Saavedra fue por luchar contra la corrupción. Todos, incluidos analistas y periodistas que otrora daban a Keiko el beneficio de la duda, han abierto los ojos a lo que Keiko realmente es. La derecha más instruida y tecnocrática está horrorizada con la errática, vergonzosa e irresponsable conducta de Keiko. Keiko es responsable de lo que la revista económica internacional (de derecha) ha titulado: “Un pequeño acto de suicidio nacional ¡Viva la ignorancia!” (https://goo.gl/chwibH) . Tan irracionales los ha vuelto el poder absoluto congresal que Keikosss, Becerriles, Chacones, Galarretas y demás pasajeros de la mototaxi chavetera del Perú, aplauden como focas su propio entierro. Hay que recordarles que alguna vez el fujimorismo tuvo control y poder absoluto del país creyéndose intocable, y que gente más poderosa que ellos terminó pagando con cárcel su prepotencia, abuso y descontrol.

 

 

 


¿Quién sigue?
Rosa María Palacios


El ministro Saavedra se va con pena y con gloria. Nos gusta tomar el lado del perjudicado, no el del prepotente. En este caso, el ministro de Educación fue el abusado. Fue insultado y maltratado por lo más bajo que puede exhibir en materia cultural la política peruana. La vergüenza para el supuestamente “nuevo” fujimorismo es que no solo no es nuevo. Es una versión empeorada en mentir, difamar e insultar. Y, añadamos, en amedrentar a su propia bancada, aquella que no está subida en el cogollo del “mototaxi”.

Conocí al ministro Saavedra, a través de su trabajo profesional, aún lejos de la política, hace mucho tiempo. Ya era una persona reconocida en el mundo académico. Personalmente, hace poco más de un mes, cuando era evidente que una oportunista combinación de intereses particulares y políticos contra el Ejecutivo se alineaba para detener la reforma universitaria. Lamentablemente, poco a poco, mis peores pronósticos se cumplieron. Su única intención en estas duras semanas, me consta, es que las reformas continúen en el tiempo. Hoy, no sé siquiera si el Presidente puede garantizarnos eso. Pudo salvar a su Ministro y escogió no hacerlo. Eso le pesará por siempre.

¿Qué puede hacer –de aquí en adelante– un Presidente débil como el que hoy tenemos? Tiene dos caminos. Uno, el de honrar su promesa de campaña. El otro, ser una marioneta del fujimorismo. El primero, le puede garantizar pocos y honorables meses como Presidente o, tal vez, ganar la guerra perdiendo muchas batallas. El segundo, un alivio simulado, pero pocos y deshonrosos meses como Presidente. No sé cuál de los dos escogerá él. No lo conozco tanto como para predecirlo. Lo que sí puedo decir, porque estuve en la marcha en Lima el martes 13 de diciembre, es que la popularidad que hoy tiene la perderá por completo si se decide a ir por el segundo.

Si lo que Kuczynski quería era demostrar que es generoso con el perdedor, que su ánimo no es el de la confrontación, que no es un hombre que incendia puentes, ya lo hizo. Bien por él. Si quería probar que Fujimori está dispuesta a responder a intereses mezquinos antes que a los nacionales o que lidera –muerta de ira por no ser Presidenta– una bancada “obstruccionista” (una palabra a la que el fujimorismo le huye) dispuesta a acatar cualquier orden, por ridícula que sea en obediencia a caprichos, también lo ha logrado. Si alguien no sabía quién era quién, pues ahora ya lo saben todos. Las caretas de la campaña han caído.

Probado todo lo anterior y pudiendo capitalizar una derrota a su favor, ¿qué le conviene al Perú? Que el Presidente haga lo que prometió hacer: ponerle límites a los negocios de Keiko Fujimori. Y eso, no se hace en una mesa de diálogo convocada por un tercero. Por más bien intencionada que sea la mediación del Cardenal, esta no va a conducir a nada bueno salvo a colocar al Presidente en el camino de ser un títere o un Presidente de adorno. Y los adornos, tarde o temprano, son innecesarios.

Si Fujimori quiere hablar con Kuczynski que pida una cita y que ponga sobre la mesa sus pedidos. No lo hará. No es el estilo, ni la práctica. El fujimorismo nunca ha negociado nada, ni siquiera su salida del poder el año 2000. Su salida histórica ha sido siempre patear el tablero y volver a empezar. Por el contrario, Kuczynski viene de un mundo en donde se negocia y los acuerdos son sagrados. No hay forma que estas dos personalidades, formadas de manera diametralmente distintas, puedan acordar nada serio ni positivo para el país. No por ahora.

Algunos creen que Kuczynski ya perdió la Presidencia. Puede que tengan razón, no lo sé. Lo que sí sé, es que tiene la decencia y la hombría de bien que su antagonista no tiene. Eso no se pierde, ni se gana, en un día. Si esto se puede hacer tan evidente para el Perú entero como lo es para mí, el Presidente podrá tener unos meses o años duros por delante, pero, como Saavedra, nunca lejos de la gloria. Si, por el contrario, persiste en agachar la cabeza, le soltarán la guillotina encima entre los aplausos de los mismos –los suyos– que le pedían a gritos a Saavedra que renuncie.

 

 
 
 

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