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Dos tipos de cuidado

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Nelson Coronel

NOVIEMBRE2018

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Es curioso como la soberbia puede nublar el entendimiento aún en el caso de pícaros astutos acostumbrados al juego político. Fujimori, que vivía a cuerpo de rey en Japón con la inmensa fortuna que se robó en el Perú, y la protección de la mafia japonesa, la temible Yakuza, dejó su guarida y regresó al Perú autoconvencido que la población peruana saldría a reverenciarlo y a pedir su entronización como gobernante por los siglos de los siglos. Terminó retenido en Chile, devuelto por requerimiento policial al Perú, tuvo que enfrentar un juicio y fue condenado a 25 años de prisión. Hoy, también una curiosa similitud, "se ha asilado" en la Clínica Peruano- Japonesa, donde no puede salir del área de cuidados intermedios porque, si lo hace, la Policía, que lo vigila lo devolverá al centro de detención de la DIROES.


Y allí está, viejo y casi abandonado, en una especie de "prisión hospitalaria" sin poder salir de la jaula en la que él mismo eligió meterse. Pasada la novedad y gastado el dinero que permitió que unos cuantos ganapanes asalariados hicieran pequeños mítines exigiendo su libertad, hoy día nadie pide por él, "las masas" lo han olvidado, solo los cómicos de "Los chistosos" lo imitan y se burlan de él presentándolo como "un chinito loco" y esto, muy de vez en cuando, porqué perdió "su popularidad", ya " casi no rinde" en los medios de comunicación. A casi nadie le interesa.


El otro caso es el de Alan García. Vivía en su exilio dorado, en Madrid, también a "corpachón de rey ", disfrutando de su fortuna malhabida y las suculentas remesas que le envía su empresa (La Universidad San Martín de Porres, que maneja a través de uno de sus testaferros), es decir " a todo dar ", pero no podía vivir "sin el protagonismo" y regresó creyendo que, como por años controló la Fiscalía y el Poder judicial, esta vez, como siempre fue en las anteriores, "sus fiscales" iban a concluir que "él, que no la debe ni la teme" se pasearía de lo más fresco por Lima.


Pero, para su sorpresa, se dio cuenta que "se había metido en la boca del lobo" y que ya no tenía el respaldo del fiscal Bardales, viejo aprista como él, ni le habían puesto el jurado que él quería y después de controlar el miedo que lo invadió al recibir la prodición de salida del país por 18 meses, se dio cuenta "que se le venía la noche" y se "asiló" en la residencia del embajador uruguayo. Su perspectiva es incierta. Pero lo que llama la atención es que García, igual que Fujimori, se equivocó totalmente.


Nadie en el Perú salió a defenderlo, las antiguas huestes de la bufalería aprista ya no existen, su partido fue desmontado por él mismo, "las masas " no lo vivan, antes bien lo insultan, demandan su prisión y le gritan ladrón, mentiroso y cobarde. Y, asustado, se metió en la casa del embajador uruguayo, de donde no se atreve a salir por temor a que lo detengan. El mismo eligió, también como Fujimori, su propia jaula donde podría pasar mucho tiempo si no se le otorga el salvoconducto que le permita salir del Perú.


¿Qué estado de alteración de la conciencia, de incapacidad de percibir la realidad, de equivocarse totalmente al evaluar el escenario al que se presentaron, confundió tanto a Fujimori como a García y los condujo a elegir su propia perdición ?. Es un tema muy atractivo para psicólogos y psiquiatras. ¿Es acaso que la locura por el poder, una especie de "bien perdido" del cual se creen merecedores legítimos los condujo a su irremediable destino? ¿o fue la pulsión inconsciente, la necesidad de "auto castigarse" la que los llevó a que ellos, por si mismos, se arrojasen a las llamas de su propio holocausto?. No lo sé, he vuelto a las lecturas de Shakespeare y a su reinterpretación en las películas de Kurosawa para ver si logro entender cómo trabaja la pulsión por el poder y la tragedia que, al parecer, convive inevitablemente en ella.

 

 

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