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Plenitud

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LUIS DAVELOUIS

FEBRERO2019

 

La preocupación y desespero de muchos peces medianos y gordos no solo pasa por la firma del acuerdo en sí misma.

Se firmó el acuerdo con Odebrecht y si bien aún falta que sea ratificado por un juez, es un hito muy importante para la lucha contra la corrupción en nuestro país y para buscar la justicia que siempre nos es esquiva y que siempre favorece a los ladronazos de siempre. Por fin sabremos quiénes nos robaron, políticos y autoridades, cuánto nos robaron, por qué conceptos, quiénes eran sus cómplices en el estado y en el sector privado y cuáles eran los mecanismos que se usaban para pagar toda esa corrupción que terminaba lavada en países como Andorra. Por fin.

La preocupación y desespero de muchos peces medianos y gordos no solo pasa por la firma del acuerdo en sí misma, que sin duda tratarán de impugnar o de presionar para que caiga en manos de algún juez hermanito. No, su desesperación también tiene que ver con que un sistema tan corrupto como el que usó Odebrecht y el Club de la Construcción y que se ha sostenido durante décadas, ha producido una cantidad enorme de cómplices de alta, media, baja y muy baja estofa. Y todos esos cómplices saben que la pita siempre se rompe por el lado más débil y que ese lado son ellos. Saben eso y que nadie les va a tirar un salvavidas ni pagar un abogado cuando inevitablemente caigan, así que muchos de ellos deben estar deseosos de contar todo lo que saben antes de que hablen los brasileños y el valor de lo que saben se convierta en cero y no tengan cómo negociar penas reducidas o penas en su casa.

El último Mantilla, de esas rarezas que se llevan lo que saben al otro mundo, casi murió preso y abandonado por ese al que protegía. ¿Vieron cómo abandonaron a Rolando Reátegui? Y eso que era congresista. ¿Qué sentirán los cómplices de ahora ante semejantes ejemplos?

Una de las diferencias más importantes entre organización criminal y mafia es que esta última funciona como si fuera un estado; son redes inmensas, con un fuerte componente identitario y algunas hasta ideario tienen. Ejemplos hay un montón: La Ndrangheta, la Camorra o las míticas Cosa Nostra o la Yakuza. Para casi todas ellas, el dinero y la delincuencia son herramientas para obtener y acumular poder.

Las organizaciones criminales, por otro lado, funcionan como corporaciones empresariales altísimamente organizadas cuyo único fin es obtener y acumular más y más y más plata y todo está al servicio de hacer más plata, incluso, el poder. Como Odebrecht, por ejemplo.

Las mafias peruanas enquistadas en la política por decenas de años se han convertido en organizaciones criminales: pero sin plata y sin eficiencia y cada vez menos poder. Así que esto va a ser una coladera y un derramamiento exagerado de testimonios y acusaciones y, ojala, de delaciones premiadas que nos van a tener a todos entretenidos por un buen rato. Y esperemos que, al final, sepamos la verdad y los que nos robaron vayan presos o, por lo menos, si sus porquerías ya prescribieron, sepamos quiénes son para nunca jamás volver a elegirlos, ni a ellos ni a sus amigos cercanos y menos íntimos.

Interesante, ¿no? Vamos a tener escasez de ansiolíticos y de pañales para adultos. Y de huevos cocidos.

 

 

 

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