Veinte obispos estampan su firma para exculpar los plagios de Cipriani

Cipriani y el espíritu (de cuerpo)

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 Gustavo Faverón

 

 

 

 

Al comunicado que una serie de políticos firmaron hace poco en apoyo del cardenal Cipriani, se le sumó un par de días después otro más previsible y sin embargo más preocupante: un pronunciamiento suscrito por dos decenas de obispos y arzobispos de todo el país, es decir, alrededor de la mitad de los miembros de la Conferencia Episcopal Peruana.

Ambos comunicados se presentan como desagravios en favor del arzobispo de Lima, lo tratan como a una víctima en cuya defensa es necesario acudir, pero todos sabemos que no lo defienden de calumnias ni rumores oscuros ni maledicencias: lo defienden de una serie de denuncias fundamentadas de plagio, denuncias que acusan a Cipriani de una falta ética y de la comisión de un delito: tomar palabras e ideas ajenas, copiarlas textualmente y atribuírselas a sí mismo al no reconocer a sus verdaderos autores. Según lo sabido hasta la fecha, Cipriani ha hecho eso al menos seis veces, cuatro con textos de pontífices, escritos por los papas durante el ejercicio de ese cargo o antes, y en dos ocasiones con textos de filósofos e intelectuales ajenos a la estructura de la Iglesia.

Nadie puede sorprenderse de que un puñado de laicos ultraderechistas, en más de un caso ligados al Apra y al fujimorismo, salgan en defensa de Cipriani, que es su aliado natural. Lo mismo se podrá decir de la rapidez con que veinte obispos estampan su firma para exculpar los plagios de Cipriani, pero yo creo que eso es más escandaloso. Porque va directamente contra la naturaleza del discurso moral de su institución. Porque echa por tierra y convierte en palabreo hueco y descartable las repetidas proclamas sobre el magisterio de la Iglesia. Porque deja a la vista toda una zona del esqueleto innoble de la élite eclesiástica peruana. Y, finalmente, porque nos recuerda, y en especial les recuerda a los católicos, la tozudez del espíritu de cuerpo que las autoridades de la Iglesia suelen adoptar cuando se descubre la deshonestidad de uno de sus miembros.

 

 

http://larepublica.pe/impresa/la-contra/700184-cipriani-y-el-espiritu-de-cuerpo

 

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