Fujimorismo impulsa boicot publicitario contra CARETAS por sátira política de la China Tudela. Como en los viejos tiempos.

Luis Galarreta,  presidente del Congreso, perdió humor y correa. Tormenta coincide con vacaciones de la China. Fujimoristas quieren meter a un dibujito en cana.
Luis Galarreta, presidente del Congreso, perdió humor y correa. Tormenta coincide con vacaciones de la China. Fujimoristas quieren meter a un dibujito en cana.

¿El presidente del Congreso es  demócrata o vocero del oscurantismo autoritario de los noventa? ¿Es pato o Galarreta?

El lunes 16, en una de las conferencias de prensa más divertidas en mucho tiempo, enfiló sus baterías contra una caricatura.

Como cualquier persona con dos dedos de frente lo sabe, la columna de la China Tudela es el ejercicio de la sátira política. Puede ser mordaz, y a algunos no le parecerá graciosa. Pero, que se sepa, no hay ley peruana que la prohíba. Por el contrario, la Constitución consagra la libertad de expresión.

Cierto, la sátira busca indignar y es una prueba ácida que fuerza las costuras de la tolerancia en democracia. Pero existe libertad hasta para el mal gusto, como quedó claro en la jurisprudencia que sentó la emblemática sentencia de la Corte Suprema de Estados Unidos sobre el caso Larry Flynt, director de la revista de porno duro Hustler.

Pucha, la China Tudela nos para metiendo en este problema. Salvando distancias, claro. Y justo coincide con unas vacaciones de meditación súper low key que planificó previamente. Yo sé que tú me entiendes.

La sátira exagera los defectos, vicios y limitaciones del personaje. Es humor que libera tensión social y, en ocasiones, ofende. Pero detrás de los aparentes excesos persisten principios que deben ser defendidos.

Caricaturizar a una tal  congresista Lourdes porque tiene un ojo puesto en la cordillera y el otro en el mar da cuenta, en todo caso, de amplitud de miras. No olvidemos que una parlamentaria pasó del PPC al fujimorismo en un santiamén. Tener un ligero estrabismo tampoco es para rasgarse las vestiduras.

Hemos escuchado a la señora Alcorta, quien se ha sentido aludida, referirse a sus rivales políticos con igual mordacidad. Y por más que se esfuerce, ella no es un personaje de ficción.

Asumir que uno es su caricatura es lo primitivo de este escandalete, y traza la línea que separa el humor de la judicialización. El propio Galarreta ha perdido el humor. Su exitoso eslogan de campaña al Congreso en el 2011 fue «Duro con la corrupción. A mí nadie me rompe la mano». Hoy sale supuestamente al frente por la dignidad de las mujeres congresistas, pero se cruza de brazos ante una campaña de fujitrolls, fronteriza y homofóbica (ver nota).

 

Rafo León firma columna de ficción.
Rafo León firma columna de ficción.

 

La incapacidad de  distinguir el humor de la opinión es evidente en el caso de Cecilia Chacón, quien el martes en El Comercio escribió una  columna contra León y esta casa editora. Ahora dispara por Twitter a quien le recuerda el doble rasero de su grupo político en lo referente a la violencia contra la mujer. La congresista Indira Huilca remarcó que el Congreso fujimorista no pasa los proyectos de ley sobre la materia.

Y para emprender tal cruzada, Chacón se basa en un personaje ficticio. Lo que sí fue de verdad la solitaria defensa, a lo largo de varios años, que hizo CARETAS de su padre encarcelado, el general EP (r) Walter Chacón. Para esta revista se trató de un exceso del megaproceso contra Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Es ese espectro democrático, con el derecho a tomarle el pelo al poderoso en un extremo, lo que posibilita una posición independiente.

Al fujimorisno le falta humor y correa. Amenazar que se demandará judicialmente a un dibujito y pedir que se boicotee publicitariamente a su autor, Rafo León, conductor del excelente programa de TV Tiempo de Viaje, y al medio de comunicación que publica a la China es, además de un acto de humor voluntario, una insólita expresión de intolerancia y un atentado contra la libertad de expresión.

En un comunicado, el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) advirtió que “se opone a cualquier tipo de boicot a medios de comunicación promovido por representantes del Estado, como hace el presidente del Congreso, Luis Galarreta, respecto de contenidos de la revista CARETAS”.

El  periodista Augusto Álvarez Rodrich añadió en su columna de La República que Galarreta “se equivoca cuando convoca a las empresas a retirar sus avisos del medio, pues eso constituye una amenaza inequívoca a la libertad de expresión que lo convierte en violador de un derecho constitucional”.

Este fujimorismo no es muy distinto al de ayer.

Cuando CARETAS se opuso de manera enérgica a la interrupción del orden democrático en 1992, la presión oficial sobre los anunciadores fue inmediata. El impacto económico fue significativo y duradero. Pálidos pero serenos, los periodistas de esta redacción continuaron con su trabajo de señalar lo malo del gobierno y también reconocer lo bueno. Pero la fea herida autoritaria quedó abierta. Tanto que pudo verse nítidamente esta semana.  

 

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