La crisis del imperialismo
Manuel Bertoldi | CAMBIO  

noviembre2019

 
 

La crisis internacional que irrumpió hace poco más de 10 años ha generado una fuerte turbulencia para los intereses del imperialismo estadounidense y los capitales concentrados de occidente. El declive de Estados Unidos en el plano económico y en la influencia que ejerce su política a escala mundial, es una tendencia que parece irreversible. Por primera vez en la historia del capitalismo, el centro de poder económico se traslada a oriente, en particular a China. Sin embargo, el poder militar de Estados Unidos sigue siendo determinante. Estados Unidos cuenta con cerca de 800 bases militares a lo largo del mundo.

 


Unas 76 de ellas se encuentran en América Latina. Además, estas bases ya no son sólo militares, sino que son estructuras preparadas para operar en estrategias de nuevo tipo como las guerras híbridas. Vivimos tiempos muy complejos, de gran incertidumbre sobre el futuro de la humanidad y del planeta tierra. La lógica de acumulación del capital ha generado una desigualdad entre las personas sin precedentes. La crisis internacional no es solo una simple crisis económica para fortalecer la reproducción del capital, sino que es una crisis ambiental, energética, social y de los valores sobre los que se consolidan hoy las sociedades. Estamos frente a una crisis civilizatoria que pone en riesgo la vida misma en el planeta tierra. Frente a esto el capital busca mantener sus tasas de ganancia, avanzando sobre los derechos de los pueblos y la apropiación de bienes naturales estratégicos. Es una ofensiva que a su vez desnuda la obsolescencia de los estados republicanos para defender principios de equidad y soberanía nacional y pone en crisis a las democracias liberales a partir de la preeminencia articulada entre los grandes medios de comunicación, formadores de opinión, el poder económico concentrado trasnacionalizado y el poder judicial.

En las últimas semanas han ocurrido fuertes movilizaciones que se oponen a la ofensiva neoliberal. Las recientes movilizaciones en Haití, Chile, Catalunya o Líbano, aunque con sus particularidades y desarticuladas a nivel global, ponen en evidencia la crisis de los modelos neoliberales que no satisfacen las demandas y aspiraciones de las mayorías populares. Sin embargo, que el neoliberalismo no haya logrado consolidar proyectos hegemónicos, no significa necesariamente que va a devenir otro ciclo progresista y de izquierda en nuestra región o el mundo. Dependerá esto de la dinámica de la lucha de clases y la posibilidad de construir desde las fuerzas populares instrumentos capaces de disputar el sentido común de las grandes mayorías. Está claro que el actual escenario nos plantea desafíos, algunos de los cuales vamos a plantear en seis puntos:

En la revolución bolivariana, el chavismo es la expresión reciente más clara de esto, puesto que logró establecer un fuerte bloque popular antiimperialista basado en la organización y movilización del pueblo frente a la arremetida de Estados Unidos. También tenemos que mencionar la heroica resistencia del pueblo cubano a más de 50 años de bloqueo económico. Pero también, vemos con esperanza los procesos en Perú, Chile e incluso México. En este sentido, podemos mencionar el proceso reciente de Argentina y la construcción del Frente TODES que permitió golpear de forma contundente al gobierno de Macri. Claro está que no fue sólo una cuestión de ingeniería política, sino que se asentó en la crisis social y económica que produjo el modelo neoliberal y las masivas movilizaciones de resistencia que fueron sucediéndose a lo largo de los 4 años de gobierno de Macri.

Este es un punto clave: si no logramos avanzar en estrategias para consolidar bloques sociales y políticos donde confluyan los diferentes actores con perspectiva antineoliberal, estamos frente al peligro de la consolidación de expresiones autoritarias y fascistas como expresa el bloque que detenta el gobierno hoy en Brasil, que reprime salvajemente en Chile o que intenta consolidar un 30-35% del electorado en Argentina. Para ello es imprescindible estimular la movilización popular para fortalecer los liderazgos y la conciencia de nuestros pueblos. Las calles nunca más pueden ser de la derecha y así lo reafirman las recientes revueltas populares en Chile o Haití, pero es un terreno que seguirá en disputa como nos muestra la derecha fascista en Bolivia que intenta desestabilizar al gobierno de Evo Morales.

El reciente ciclo progresista y de izquierda en la región nos ha dejado importantes avances en materia de ampliación de derechos para las mayorías populares y a su vez, significativas enseñanzas a los movimientos populares para consolidar nuestros procesos. Uno de ellos es la necesidad de construir programas de transición lo suficientemente sólidos y que recojan las necesidades y demandas de las grandes mayorías acompañado esto con la necesaria movilización popular para su concreción.

Es necesario consolidar estrategias para generar un cambio cultural duradero y profundo en las mayorías populares que rompa con los elementos fundamentales de la cultura neoliberal como el individualismo, el existimo y el consumismo que, en buena medida, los gobiernos progresistas y de izquierda del ciclo anterior no hemos podido alterar sustancialmente en la mayoría de nuestros países.

La juventud y sobre todo las mujeres jóvenes son quienes sufren en mayor medida el sometimiento de las políticas neoliberales y el sistema patriarcal. La perspectiva de futuro por una vida digna sin explotación es prácticamente imposible. La juventud en diferentes partes del mundo además es quien protagoniza las resistencias frente al avance de las políticas neoliberales. Por otro lado, las fuerzas populares, progresistas y de izquierda hemos debilitado el trabajo de base sobre todo en las periferias urbanas. Consecuencia de esto, los fundamentalismos religiosos avanzan ganando las mentes de nuestros pueblos ofreciendo una salida individual a las penurias cotidianas a las que estamos sometidos. Es una premisa indispensable retomar con fuerza estrategias para fortalecer nuestro trabajo de base. Avanzar en la disputa cultural/comunicacional.

Es necesario articular una estrategia para consolidar, proyectar y amplificar nuestras esperanzas y nuestros sueños. Debemos ganar los corazones y mentes de nuestros pueblos y para ello, la disputa cultural y comunicacional es imprescindible. Vivimos en una nueva era digital que es vertiginosa donde, por ejemplo, en América Latina, 9 de cada 10 personas tienen teléfonos inteligentes. Desde las fuerzas de izquierda, progresistas y movimientos populares no hemos abordado con la suficiente fuerza la disputa en este plano.

La estrategia comunicacional necesariamente tiene que atender las nuevas herramientas de comunicación, la construcción de un relato distintivo y atractivo, la construcción de unidad de nuestros esfuerzos que hoy se encuentran mayormente dispersos y la necesaria dimensión internacional de la estrategia. Por último, la dimensión cultural para pensar esto es fundamental. Debemos jerarquizar y proyectar los elementos culturales distintivos de nuestros pueblos para fortalecer esta estrategia.

Es necesario consolidar una estrategia de formación política desde nuestras organizaciones y para nuestro pueblo. No hay posibilidades de construir una fuerza ni acción revolucionaria, si no hay teoría revolucionaria. Debemos reflexionar acerca de nuestra historia de lucha como pueblos, la situación actual que estamos atravesando y las estrategias a seguir. Nuevamente las fuerzas populares debemos hacer una revisión autocrítica en este plano. Es necesario fortalecer instancias de formación nacionales con una clara perspectiva internacionalista donde se articulen diferentes organizaciones y movimientos populares en una perspectiva unitaria.

Desde las fuerzas populares debemos seguir bregando por la defensa irrestricta de los procesos populares y gobiernos de Bolivia, Venezuela, Cuba y Nicaragua ya que hoy son la retaguardia estratégica que tienen las perspectivas pos capitalistas de carácter socialista en la región y en el mundo. El derrumbe de cualquiera de estos procesos significaría un serio retroceso para las luchas y resistencias del mundo.

Es necesario repensar las nuevas coordenadas de articulación e integración desde el sur. Avanzar en nuevas nuestras estrategias organizativas para consolidar estrategias de poder popular mucho más complejas que las disputas electorales. Procesos de integración basados en la complementación y reciprocidad que contemplen estrategias de integración económicas, de disputa comunicacional o proyectos de infraestructuras acordes a las demandas populares.

Nuestra región y el mundo están en disputa. Las luchas y resistencias que están sucediendo este año así lo demuestran. Estará en los pueblos, la unidad y su fuerza creadora, la posibilidad de reconstruir un horizonte emancipatorio para la humanidad.

 

 

 

 

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