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Y además racista

 
      JUNIO2019
 

Lo gay no te quita lo racista

Gabriele Wiener


¿Le gustaría al señor Bruce que un señor heterosexual le dijera que aunque le niegue la unión civil en realidad es buenito y no lo hace con mala intención? Eso se llama homofobia y esto se llama racismo.

Lo gay no te quita lo racista es un lema entre los colectivos antirracistas y alude al hecho de que no siempre sufrir un tipo de discriminación te vuelve consciente y empático con las múltiples opresiones que sufren los demás, por ejemplo las de raza o clase. Carlos Bruce es gay pero también es un hombre blanco, limeño, de clase media alta, con un cargo público, es decir que tiene privilegios sobre miles de peruanas y peruanos.

Desde una tribuna igual de privilegiada lo que hizo ayer fue disparar ideología racista y clasista. No fue un descuido, no fue un chiste, no fue tergiversado. Los que se lo han señalado con razón no son “acomplejaditos”, sino gente que ha dejado de callar y que hoy denuncia de dónde viene el discurso de Bruce, uno que históricamente ha sostenido y perpetuado las desigualdades estructurales.

“Provinciano” es una palabra que en nuestro país y en su boca –hablando de cuotas y desde el oportunismo político, no desde el verdadero compromiso con la inclusión– contiene una carga discriminadora. Allí convergen las miradas que desprecian a quienes no ocupan la centralidad y tradicionalidad del poder.

Bruce niega racismo y clasismo, porque el privilegio ciega. Tanto que en lugar de pedir perdón y escuchar lo que tienen que decirle los que lo sufren, pide más tribuna como el hombre blanco y oligarca que encarna, para pretender enseñarnos lo que es y no es discriminación. Hasta le extraña el aluvión de críticas y se victimiza: “No fue mi intención”, “¿Racista yo? Si soy inclusivísimo”. ¿Le gustaría al señor Bruce que un señor heterosexual le dijera que aunque le niegue la unión civil en realidad es buenito y no lo hace con mala intención? Eso se llama homofobia y esto se llama racismo.

 

 

Racistas de M...

Claudia Cineros


“En el Perú de las clases privilegiadas, el provinciano es el ‘marrón’, el ‘cholo’, el ‘otro’”.


Las razas no existen. El racismo, sí. Para las nuevas generaciones esto ya no será novedad, se enseña desde la ciencia que la única raza existente es la humana. Todas las demás acepciones con las que la humanidad se ha manejado por siglos son un producto cultural que no tiene base científica. Claro, hay diferencias étnicas, culturales y fenotípicas, pero de ninguna manera existe una prevalencia de superioridad de un grupo sobre otro. Todos los seres humanos, sin excepción, evolucionamos a partir del mismo grupo de tribus que surgieron en el África y se irradiaron al mundo. Las razas, biológicamente, no existen. Sí existe la diversidad genética y hasta los colores distintos de piel por la exposición a las diferentes condiciones de radiación y otros factores, pero ni siquiera esa pigmentación determina que las personas tengan rasgos o atributos universal y exclusivamente característicos. El racismo como concepto de clasificación social le ha hecho y sigue haciendo mucho daño a la civilización.

La últimas declaraciones del congresista Bruce, no son penosas solo porque las haya dicho en público un funcionario público, o porque se trate de alguien que ha vivido la represión y discriminación, sino porque la mayor parte de ‘blancos’-privilegiados peruanos en el poder político o económico piensan y sienten como él. Personas como Vizcarra, que no son ‘blancos’-privilegiados, son para ellos ‘cholos, pues’ y decir otra cosa es hipócrita o de mal gusto (si es en público).

El problema de Bruce y de quienes piensan como él no es solo cuestión de "razas", en el que se asume implícitamente una inferioridad de aquellos que no comparten los rasgos color de piel del blanco-privilegiado socialmente, sino que implica también una forma de exclusión porque son vistos como ‘no iguales’. Para Bruce y cia., los Vizcarra del Perú son doblemente inferiores: por no tener pigmentación de piel más blanca y por ser de provincia (claro que lo segundo lo asumen casi como una consecuencia de lo primero o viceversa). Para Bruce y cia., el asunto es que ‘no son como ellos’, ‘no son del círculo’, ‘no son como uno’ y eso los hace situarlos en ‘otra categoría’. Eso no quiere decir que no reconozcan que pueden ser igual de inteligentes o instruidos. Pueden serlo, pero jamás como ellos. Los ‘marrones’ para ellos son ‘los otros’.


Por eso, cuando Bruce dice que la plancha presidencial ‘necesitaba un provinciano’ porque había solo ‘blanquitos’, si bien en estricto no está faltando a la verdad, la carga semántica del término ‘provinciano’ es racista, por más que haya quienes quieran defender que el racismo está en el oyente. El ‘provinciano’ de Bruce no se refiere neutralmente solo a ‘aquel de provincia’. En el Perú de las clases privilegiadas, el provinciano es el ‘marrón’, el ‘cholo’, el ‘otro’.

En cuanto a pensar en términos de cuotas, no está mal, pero no es suficiente. Las cuotas son necesarias temporalmente hasta que las sociedades conjuran sus prejuicios y llegan a un estadio en que la pluralidad se torna natural. Lo que está mal es pensar que la cuota es solo una formalidad política o social o una forma de capturar más votos. La cuota no debe pensarse instrumentalmente. La tarea de Bruce y cia. es procesar e interiorizar que la cuota es una manera temporal de equilibrar la justicia social para con grupos largamente excluidos y marginados por prejuicio y por apego al privilegio de quienes se resisten a compartir el acceso al poder con ‘el otro’ o a competir con él.

 

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