La derecha y el trotzkismo en Bolivia
Esperando un Pinochet
editado  

noviembre2019

 
 

El intento de una asonada golpista que estaba preparada para hace un par de días lo resistió duramente el pueblo boliviano. Fue el propio presidente Evo Morales quien indicó que fue frustrado otro el pasado martes, por la movilización de los sectores que lo respaldan hacia el centro de la ciudad de La Paz.

 


Lo que debemos antes aclarar es que este golpe no viene de la mano de un partido, que es el más interesado que no se vaya a auditoría, refiriéndonos al partido de Carlos de Mesa, que muchos creíamos que eso iba a permitir desinflar los conflictos y allanar el camino para buscar salidas, pero lo que se ve es que estas movilizaciones en las ciudades están siendo promovidas por un grupo de dirigentes trotskistas vinculados a los cívicos.

Esas señales ya se dieron en los últimos cabildos que en reuniones separadas con el Conade fueron coordinando para que el pasado jueves se diera un escenario de gran convulsión en el país. Es por eso que generaron presencia de sus huestes que llegaron del sur para intentar esa asonada que dio inicio con ese cabildo de dirigentes del POR.

La no presencia de partidos políticos en estos eventos de los cívicos es para que estos últimos no intenten ganar el terreno para ellos y lo que venga después sea capitalizado en función de sus intereses. El propio presidente Morales ya fue enfático en acusar a los cívicos y los partidos de oposición de alentar la violencia en un afán golpista que se origina en su derrota en las elecciones generales del domingo 20 de octubre.

Se activó la resistencia popular pacífica contra la conspiración golpista de la derecha y en defensa de la democracia, el voto rural y la Constitución Política del Estado. Para ello hubo señales de resistencia con la presencia de los mineros, quienes ayudaron a desbloquear en La Paz, vecinos y choferes hicieron algo similar en otros departamentos, varias organizaciones sociales se movilizan, y alteños evitaron una cita entre un cívico cruceño y Carlos de Mesa, quien perdió en las elecciones, pero optó por convocar a la violencia desde la racista Santa Cruz.

Esta tensión histórica hoy se vuelve crucial y definitiva; no es una disputa del poder entre partidos políticos, es la disputa entre proyectos históricos; por un lado, consolidar un Estado Plurinacional, proyecto de Evo Morales y Álvaro García Linera; y, por otro, crear un Estado Federal, viejo proyecto de la élite oligárquica de Santa Cruz, ahora respaldada, también, por el trotskismo desde Potosí y Tarija.

No por simples, deja de ser peligroso, el papel de las agrupaciones trotskistas concentradas en Cochabamba, Sucre y Potosí, disidentes del otrora poderoso Partido Obrero Revolucionario y cuyo accionar belicoso ahora, en alianza con sectores radicales del racismo en Santa Cruz se ha puesto a la vanguardia de la lucha supuestamente "revolucionaria" contraria a los ideales de los trabajadores.

 

 

 

 

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