El fascismo anda suelto II

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La cruzada contracaviar

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FRANCISCO F. DEL CARPIO

       

23AGOSTO2018

 
 

Quejándose del maltrato del Estado, Jorge Salcedo Morón, coronel EP (r), escribe un artículo, con un largo título lleno de comas y mayúsculas, publicado aquí, donde, so pretexto de defender la ley de pensiones 30683, hace un llamado institucional cuasi golpista a sus compañeros de armas para decirles que los presidentes de la república, se supone los últimos, en su relación con el Nuevo Orden Mundial están permitiendo la prolongación de la lucha armada para evitar o evitando la derrota militar de las fuerzas terroristas con el fin de que la “Caviarada” (así llama a la izquierda de los barrios ricos de Lima) infiltrada en el Estado y sus acompañantes, sigan cogobernando el Perú, creando las condiciones para fracturar la sociedad y capturar el poder político con o sin lucha armada.

 

Las ligereza con que el coronel formula sus lastimeras quejas, guardando galácticas distancias, nos recuerda el surgimiento del fascismo alemán y a Adolfo Hitler a principios de la década del 20 del siglo pasado, lamentando la humillante situación en que había sido puesta Alemania tras la firma del armisticio que dio fin a la Primera Guerra Mundial, y que impuso al país unas condiciones tan drásticas que tenían que destinar un enorme porcentaje de sus ingresos nacionales al pago de daños e indemnizaciones, principalmente a Francia y la Gran Bretaña, el equivalente, entonces, del Nuevo Orden Mundial de Salcedo.

 

De esta situación Hitler culpó al gobierno de centro-izquierda que se implantó en Alemania después de finalizada la guerra, periodo conocido como la República de Weimar, por aceptar las draconianas condiciones impuestas por el Tratado de Versalles. Los más duros críticos fueron los sectores  ultraderechistas de la población que clamaban por regresar al Imperio prusiano. Ya en el poder, Hitler, para deshacerse de los comunistas mandó incendiar el Reichstag, para perseguirlos, presentando de inmediato un decreto de emergencia donde solicitaba la suspensión de varios artículos de la Constitución de Weimar para acabar con los pocos derechos democráticos que aún quedaban y con el Partido Comunista Alemán, el legendario KPD de Karl Liebknech, Rosa de Luxemburgo, Clara Zetkin y Ernest Thälmann.

 

En nuestro escenario, Salcedo se lamenta de la ingratitud de los peruanos, incluyendo al Estado, con quienes "nos" salvaron del terrorismo, y, a pesar de que los vencedores de Sendero y del MRTA han sido muchas veces condecorados y elevados otras tantas a la categoría de héroes nacionales por el Estado, el coronel fascistón dice que están en el olvido por culpa de los caviares, quienes han logrado alterar el cerebro de lo que llama el “pueblo no pensante” para convertir a los senderistas en luchadores sociales y a los militares en terroristas.

 

Salcedo culpa no solo a los caviares sino, también, a la izquierda marxista de haber logrado imponer leyes "importadas" que no existían en el Código Penal peruano para calificar como delitos de lesa humanidad las acciones de guerra cometidas por las fuerzas armadas durante el conflicto con Sendero, lo mismo que la autoría mediata, para castigar tanto al "señor presidente" como a los militares que derrotaron el terrorismo. Las orejas naranja del coronel Salcedo asoman cuando afirma temerariamente que los jueces peruanos consultaron a sus pares del Nuevo Orden Mundial cómo condenar "si o si al presidente Fujimori" y a los militares victoriosos.

 

Estando así las cosas, el pensamiento Salcedo va encajando sin duda en el esquema fascista peruano pues el coronel vaticina que el Perú se irá a la mierda si en la guerra política (ideológica y sicológica) los caviares y la izquierda marxista lograran imponerse y capturar el poder político, pues ya el caviarismo, ha logrado por lo pronto que el pueblo peruano apoye la construcción de mausoleo y museos terroristas como el LUM, siendo esto apología; y, que, organizaciones terroristas como el CoNaRe del SUTEP y el Sindicato de Construcción Civil de la CGTP se "infiltren" dentro del quehacer político nacional para ejecutar acciones prosubversivas, de apología  y de propaganda terrorista, con la permisividad del aparato estatal.

 

En realidad lo que quiere Salcedo es un Estado represor que anule las libertades que aún existen y que eleve a los altares a sus héroes, condenando de por vida a quienes se alzaron en armas, aunque estos hayan purgado la pena que les impuso el Estado. Si alguien se atreve a decir lo contrario, poniendo como ejemplo a Colombia o Uruguay donde los alzados en armas -terroristas para gusto de todos los salcedos del mundo- o son parlamentarios como los de las FARC y el M19 en Colombia o presidentes de la república como José Mujica el dirigente tupamaro del Uruguay, será linchado por caviar o por marxista.

 

El pensamiento y el lenguaje de Salcedo es el mismo del conjunto panfujimorista incluyendo a fiscales, curas, militares, jueces y empresarios desde la Señora K hasta Felipe Dominguez(1) quienes critican al Estado por ser contemplativo con la izquierda marxista y no marxista a la que indiscriminadamente llaman "terrorista" y por tener de socios a los "caviares".

 

Esta gente, seleccionada por Montesinos y acunada durante el fujimorismo, se replegó por un tiempo, embistiendo ahora debido al poder de la Señora K quien pretende ser la alter presidenta del Perú. Salcedo no es el primero en manifestarse así. Antes lo hizo Javier Villa Stein quien en forma más franca y abierta llamó a los cuarteles para que impidan que se siga manchando el honor de peruanos como él con los audios de IDL.

 

El odio a los trabajadores y a sus organizaciones es otro síntoma del pensamiento parafascista del neofujimorismo de Salcedo y otros. Solo les falta incendiar el edificio del Congreso de la República y culpar del hecho a los caviares y a la izquierda marxista para perseguirlos como terroristas. Ya lo hicieron antes, hace 18 años, cuando quemaron el Banco de la Nación, solo que esa vez no les surtió. Ahora puede ser.

 

 

(1) Felipe Domínguez, dirigente barrial del cono norte arequipeño, fanático fujimorista.
 

 
 

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