Guillermo Vásquez Cuentas.

Arequipa, Moquegua y Tacna siempre han estado bajo dominio aymara

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 Los Andes

 

 

 

 

 

 

 

Jornal de Arequipa

 

En una entrevista en el diario Los Andes, el intelectual puneño Guillermo Vásquez Cuentas, a quien conocimos como estudiante en la Universidad de San Agustín de Arequipa dice que Puno -en 75 años- solo duplicó su población cuando es común que esto ocurra en 25. La migración masiva y constante hacia los departamentos peruanos de Arequipa, Moquegua y Tacna y a la ciudad boliviana de El Alto, asegura: "es lo único que puede explicar este fenómeno".

 

Sorprende esta faceta chauvinista de Vásquez, quien fuera alguna vez presidente de la Federación Universitaria de Arequipa patrocinado por el FER pekinés. La tesis panaymara de Vásquez se basa en una supuesta puneñidad surperuana como si todos los puneños "nacidos en Puno y los puneños hijos de puneños, en segunda y hasta tercera generación"... como él señala, fueran aymaras. Y eso no es así.

 

La teoría de Vásquez Cuentas obvia a los puneños quechuas que pueblan la parte septentrional del departamento, incluso la mitad norte de la provincia de Puno. Ellos constituyen el 38% (contra el 26 de aymaras) Todo indica que fueron ellos los que poblaron Arequipa, mayoritariamente, y no los aymaras que desaparecieron con la decadencia del Tiahuanaco.

 

 

 

 

 

 

Lo dicho en el parágrafo anterior es fácil de comprobar. En Caylloma, pese a la procedencia collagua (de colla) de parte de su población, el quechua es la lengua generalizada en la provincia lo mismo que la toponimia del lugar y de las otras provincias altas de Arequipa. Más aún, en La Unión se habla un quechua puro y elegante que no se manifiesta ya ni en el mismo Cusco.

 

En el mejor de los casos (para la teoría de Vásquez) la migración de los últimos 60 años ha sido de comerciantes contrabandistas de Yunguyo o Desaguadero, quienes se han comprado al contado y en efectivo, literalmente, medio Arequipa;  pero, la cantidad no es la que señala Vásquez.

 

El intelectual puneño habla, también, de un Alto y Bajo Puno, parangonando con el Hanan y Urin Cusco que eran los vocablos con los que se conocía la división social (nobleza-plebe) existente en el Tahuantinsuyo. Hablar aún en términos geográficos de un alto y bajo Puno es chauvinismo. Si a la actual Bolivia se le conocía como Alto Perú es porque la Audiencia de Charcas era parte del "Virreinato del Perú" durante la colonia.

 

Vásquez, en su época de estudiante universitario, en Arequipa, fue primero militante aprista y luego emigró a la juventud maoísta, mejor conocida como pekinesa, entendiendo, con ello, que habría asimilado el internacionalismo; no fue así, con estrechez chauvinista opina que los puneños nacidos en Puno y los puneños hijos de puneños, en segunda y hasta tercera generación, en Arequipa, Moquegua y Tacna, son absoluta (ojo: absoluta) mayoría.

 

Pareciera que hablara de una suerte de diáspora o éxodo aymara, donde los hijos de la tierra prometida (la meseta del Collao) seguirán siendo collas hasta el fin de los tiempos.

 

Vásquez argumenta que existen varios indicadores para comprobar esta "verdad" como, por ejemplo, la lucha política por captar y acceder a los gobiernos locales de la región colindante. Vásquez olvida que muchos de esos políticos, como por ejemplo los Cáceres, fueron comerciantes, migrantes, arequipeños asentados en Juliaca.

 

Mejor leámoslo.

 

 

 

 

Arequipa, Moquegua y Tacna siempre han estado bajo dominio aymara

 

¿Cómo fue el movimiento migratorio de la región de Puno en los 60 últimos años?


Hubo un bajo crecimiento [demográfico] en el departamento de Puno y un alto crecimiento en los departamentos de Tacna, Moquegua, Arequipa, que constituyen su entorno más inmediato y directo. Arequipa, durante casi 72 años, ha crecido 4 veces más que la población que tenía en 1940. Si tenía, en 1940, 271 mil habitantes, tras 25 años solo debía tener el doble, o sea 520 tantos mil, y así sucesivamente; pero en el 2005, según datos del INEI, se sabe que tiene un millón 245 mil habitantes. Se trata de un crecimiento poblacional fuera de los estándares que reconoce la demografía mundial. En el caso de Moquegua ha sucedido también algo similar: de 35 mil habitantes que registra el censo de 1940, llega a 181 mil habitantes en el 2015, lo que quiere decir que en 75 años ha crecido 5 veces; pero el caso más sorprendente es el de Tacna, que de 36 mil habitantes en 1940, llega a 396 mil en el 2005, es decir, que en 75 años ha crecido 10 veces.


¿Eso se debe a Puno?


Claro. Puno registra, en el censo de 1940, 646 mil habitantes y, según el INEI, el 2015 llega a tener un millón 320 mil, de acuerdo al último censo, lo que indica que en 75 años Puno ha crecido solo una vez; Puno debería tener no menos de dos millones 400 mil habitantes, pero solo tiene un millón. Entonces, ¿dónde está esa gente? Esa gente ha migrado a esos tres departamentos (Arequipa, Moquegua y Tacna) por su cercanía geopolítica, territorial e histórica. Esas tierras han estado siempre bajo el dominio de las etnias aymaras.


¿Qué factores hacen que el puneño migre?


A pesar de que se ha visto que somos un departamento con potencialidades económicas inmensas, los gobiernos siempre nos han mantenido como la última rueda del coche, por lo que sus propios hijos no han trabajado suficientemente el forjamiento del desarrollo de Puno; nuestra agricultura ha estado estacionada, la ganadería -a través de la venta de lana- ha tenido una época que solo ha beneficiado a los propietarios de las grandes haciendas, sobre todo ubicadas en el norte de Puno, y así sucesivamente. O sea, que las grandes riquezas de Puno no han sido aprovechadas, o que hasta la fecha solo se ha aprovechado la explotación minera del oro, que sin bien ha movilizado capitales sobre todo en el sector de Juliaca, no ha sido un aporte sustantivo como para retener a nuestra gente, que se ha visto obligada a buscar nuevos horizontes.


Entonces habría un “alto Puno”, que es Puno mismo, y un “bajo Puno” constituido por tres departamentos...


Esa es, digamos, una nomenclatura que ha surgido, espontáneamente, no hace mucho; hace poco surgió en las redes sociales alguien que quiso bautizar de esa manera lo que al principio parecía una broma.


Si consideramos que en este momento hay un millón 200 mil puneños que viven en esta región, ¿habrá otro tanto en estos tres departamentos, o habrán más?


Habría que hacer números. Lo que nadie puede dudar es que en estos tres departamentos los puneños nacidos en Puno y los puneños hijos de puneños, en segunda y hasta tercera generación, son absoluta mayoría. Hay varios indicadores para comprobar esto; el más creíble y más a la mano, es el de la lucha política por captar y acceder a los gobiernos locales, es decir, a las municipalidades provinciales y distritales. Un estudio que publicamos en la revista Brisas Nro. 2 indica que la mayoría de candidatos nacidos en Puno han sido candidatos a alcaldes y regidores en todas las provincias y en todos los distritos de esos tres departamentos; ahora, cuántos han sido elegidos en estas municipalidades, también es un dato sorprendente...


¿Qué tiene que pasar con Puno para que no se quede despoblado, como parece que sucederá en los próximos 70 o 100 años siguientes?


Hablar del futuro es un poco aventurado; sin embargo, la pregunta sería: ¿cómo retener a los puneños para que esas tasas de migración puedan ser reducidas, vamos a decir, drásticamente? En primer lugar, tenemos que apuntar al desarrollo. En Puno tenemos los recursos suficientes para que el puneño tenga un empleo digno y pueda sustentara su familia; hay varios pilones que pueden aprovecharse. Para mí, el aprovechamiento de la ceja de selva y selva puneña debe ser prioritario. En el altiplano tenemos posibilidades de desarrollar más la agricultura, la ganadería, la alpaquería, la truchicultura, etc.


Pero las decisiones las toman las clases políticas. ¿Qué se puede hacer al respecto?


Lo que falta es un acuerdo clave, un plan maestro, en donde esté comprometida la clase política local. Lamentablemente, nuestros mejores técnicos también migran en busca de mejores oportunidades; entonces los dirigentes, los políticos, los que tienen el poder en nuestras instituciones, no están comprometidos como para pelear y luchar por el desarrollo de Puno; obedecen en todo caso a otros intereses, más personalistas y egoístas. Nosotros necesitamos un gran plan estratégico, porque los planes que se hacen sucesivamente en todos los gobiernos no son producto de un estudio multidisciplinario. En Puno estamos divididos, nuestros políticos están siempre enfrentados entre ellos, tenemos personal que deja mucho que desear, etc.; entonces primero deberíamos tener gente capaz de impulsar el desarrollo de Puno, un gran plan estratégico y comprometernos todos en pos de su constitución.

 

 

 

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