¿Cómo saber si un mensaje periodístico es engañoso? A menudo la decisión se toma en función de criterios extraperiodísticos: si el medio está de acuerdo con nuestras ideas, lo suponemos veraz; si no es así, lo suponemos falaz; esta forma de verificación está lejos de ofrecer garantía. Sin embargo, existe un procedimiento técnico: investigar cómo, en la construcción del mensaje, han sido empleadas las herramientas de la profesión periodística. Este desmontaje crítico permite discernir el engaño, si lo hay, sin recurrir al cotejo con la realidad construida por otros medios y sin recurrir a criterios políticos, ideológicos o de cualquier orden que no sea la perspectiva técnica periodística.

El presente trabajo ejemplifica ese procedimiento. Su versión inicial fue presentada en 2004, en una jornada de la Carrera de Comunicación Social de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Jujuy. Consiste en el desmontaje crítico de una nota informativa especialmente adecuada a nuestro propósito; apareció en el diario Clarín el 15 de febrero de 2004 y se refiere a un informe sobre actos delictivos elaborado por el Ministerio de Justicia de la Nación. Su análisis demostrará el grado de sofisticación profesional empleado para construir un texto que, sin mentir, logra elaborar y hacer creíble para su público un contenido exactamente inverso al de la noticia que le da origen. Este trabajo no debería entenderse como una crítica a ese medio en particular, ni postula que la construcción de mensajes engañosos sea prerrogativa específica de Clarín ni de ningún grupo de medios determinado.

La información fue anunciada en la tapa del diario (figura 1): bajo una volanta indicando que la noticia se refiere a la Ciudad de Buenos Aires, el título dice: El delito subió en Caballito y en Once. La primera frase de la bajada refuerza la noticia de que el delito aumentó: También en Villa Crespo, Chacarita y Paternal. La segunda frase relativiza la noticia pero sin desmentirla: En cambio bajó en Núñez, Villa Urquiza y Barracas. La tercera frase de la bajada nos llama la atención: Aseguran que en promedio el delito disminuyó 5%. Si en toda la Capital el delito bajó un 5 %, ¿por qué el título dice que subió?

La titulación de tapa incluye también una frase recuadrada y destacada con color: Según Beliz (entonces ministro de Justicia), hay mejoras, pero la gente no lo nota. La diferencia técnica a remarcar en este caso está dada por la mención de la fuente: el título, El delito subió, está presentado como un hecho; que hay mejoras, en cambio, es según Beliz, un funcionario que puede decir la verdad o no y cuya afirmación contradice a la gente, que no lo nota.

La nota en sí ocupa una doble página en la sección Policiales (figura 2). Bajo la volanta Estadística oficial de 2003 en la Capital Federal, el título principal dice Más delitos en Caballito y Once y menos en Núñez y Barracas. Y la bajada: En 28 de las 53 comisarías hubo una baja y en 23 los casos aumentaron. Las dos restantes se mantuvieron igual. Por primera vez en cuatro años, la cantidad total disminuyó un 5 por ciento. La noticia, la verdadera noticia, es que la cantidad total de delitos en la Capital Federal disminuyó un 5 por ciento con respecto al año anterior, según un informe oficial del Ministerio de Justicia: ése es el hecho nuevo, llamativo, importante, quizá sorprendente. Cualquier periodista, en cualquier medio de cualquier país, lo sabe. Que en algunos barrios los delitos hayan subido no puede tener un valor de noticiabilidad superior al del dato para toda la Capital Federal, del que forma parte.

Cabe advertir que, en esta titulación, la información relevante no ha sido suprimida: lo que se ha alterado es su disposición: lo que debió haber sido título, porque era la noticia, fue relegado a la última línea de la bajada; lo que eran datos parciales, subordinados a la noticia, fueron elevados a titulo. Al haberse alterado la disposición del texto, el mensaje resulta, no falso, pero engañoso.

Vamos al cuerpo de la nota. Habitualmente en periodismo, particularmente en las secciones de información “dura” como policiales y en la práctica habitual del diario Clarín, la noticia se da en el primer párrafo, que suele denominarse “cabeza de la nota”, o a lo sumo en el segundo párrafo. La principal razón proviene de admitir que el lector sólo se detendrá en las notas que le interesen; en algunos casos leerá sólo la titulación y en otros sólo el primer o los primeros párrafos. Una segunda razón para esta práctica habitual es que agiliza el trabajo de los editores, que así comparten con el redactor el criterio de ordenamiento del texto. En el caso que nos ocupa, en cambio, la cabeza de la nota no presenta la noticia, se limita a decir que el mapa del delito mostró “tendencias diferentes en los distintos barrios” y consigna dónde aumentó y dónde disminuyó. En la cabeza hay un solo destacado en negrita: aumentó la cantidad de casos denunciados.

El párrafo 2, luego de citar la fuente –un informe oficial del Ministerio de Justicia–, reproduce el ordenamiento que vimos en la bajada, con la noticia, la baja en el total de delitos cometidos, relegada al final.

Los párrafos 3 al 7 desglosan la información según barrios, pese a que en el párrafo 5 se reconoce que “los datos no tienen relación directa con la mayor o menor inseguridad de cada barrio”, ya que no registran la cantidad de delitos cometidos. Es que la extensión y relevancia otorgada a la información barrio por barrio viene a sostener el procedimiento planteado desde la titulación: segmentar geográficamente los datos para desestimar el valor de la noticia.

El párrafo 8 da un dato llamativo, de gran importancia e interés, que la técnica periodística mandaba poner en la titulación y en la cabeza de la nota: hubo 10.000 delitos menos, en un año.

El párrafo 9 presenta, también muy relegados en la organización de la nota, dos datos relevantes: los homicidios bajaron un 17 % en un año, y los robos de autos bajaron 31.5 % en el mismo período. “La baja general se da en casi todos los tipos de delitos”.

El párrafo 10 agrega y relega una información importantísima: el fuerte descenso en el robo de autos está ligado a la presión policial sobre los desarmaderos clandestinos, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Esto provocó una baja en los robos seguidos de muerte o lesiones, que fueron de 118 en 2002 a 29 en 2003: cayeron tanto como la cuarta parte, de un año para otro.

Vemos que el debate, tan actual, sobre el delito, sus causas y cómo combatirlo, en verdad ya había sido resuelto en los hechos hace quince años. La forma eficaz de combatir el delito, demostrada en la práctica, fue desmantelar los desarmaderos clandestinos, es decir, focalizar la acción policial sobre los reducidores, aquellos a quienes inevitablemente los que efectúan el robo deben dirigirse para reducir la mercadería robada. Esto permitió que hubiera 10.000 delitos menos y que la cantidad de homicidios se dividiera por cinco de un año a otro. La respuesta al incesante debate sobre la “inseguridad” está en el décimo párrafo de una nota que salió en Clarín hace catorce años.

Ese párrafo, además, advierte que en un delito no alcanzado por esas acciones, la violación, las denuncias crecieron un 5,4 % en el mismo año.

“La gente” (subtít.)

La nota que venimos desmontando se extiende en una producción que incluye: el testimonio de seis habitantes de la ciudad; una nota de opinión del ministro de Justicia y un breve “Punto de vista” del editor de policiales de Clarín. También hay infografías y gráficos de barras que presentan los datos.

La clave de esta producción está en los testimonios (figura 3). Todos, salvo uno, contradicen la información aportada por la noticia, no porque la desmientan conceptualmente sino por aportar una experiencia personal que va en sentido inverso. En ningún caso se consigna el apellido de los entrevistados. Atilio, de Barracas, se mostró indignado al enterarse de que los datos oficiales indican que en su barrio hubo menos delitos. Dijo: “Pasa el tiempo y esto está cada vez peor”. “A mis hijos los llevo y los traigo del colegio en mi auto y a mi esposa también la voy a buscar a su trabajo.” “A mi hermana la semana pasada le entraron por la terraza y tuve que poner rejas.” Claudio, también de Barracas, reconoce que “hace un año que el tema de los robos está más controlado y trabajo tranquilo”, pero“mi hermano tenía un reparto de huevo y para asaltarlo le dieron un tiro que lo dejó paralítico”. Y así.

En la práctica periodística, los testimonios particulares tienen un lugar muy importante; son valiosos por la tensión dramática que aportan y esenciales en lo que se denomina la persuasión intrínseca de las noticias: la más eficaz, que proviene no de la opinión sino de la información en sí. Pero su función es reafirmar la noticia, no cuestionarla. El cronista que sale a buscar testimonios no utiliza una metodología de investigación con técnicas de muestreo, etc., que permitan alguna objetividad en el registro de la opinión pública. Claro que existen técnicas periodísticas de chequeo de la información: son las que se utilizan para validar la noticia: los testimonios deberían mostrar la expresión de esa noticia en casos particulares. Pero en esta nota es al revés: los testimonios presentados socavan la noticia. No generan un debate, ya que no cuestionan los datos en forma directa. Lo que alimentan es un descreimiento. El medio sostiene y promueve el descreimiento con respecto a la misma noticia que suministra. Toda la nota sostiene, sin hacerlo explícito, una discrepancia entre los datos “según Beliz” y la experiencia de “la gente”.

Al mismo tiempo, el diario no se pronuncia explícitamente en el mismo sentido que “la gente”. El “punto de vista” firmado por el editor de la sección empieza por admitir la disminución en el delito, reconoce la estrategia utilizada y se adscribe en la perspectiva comúnmente llamada progresista al vincular el delito con factores como el desempleo y otorgar importancia a políticas de orden social.

Hay que anotar que la estrategia de desmentir la noticia mediante los testimonios que deberían confirmarla sólo se sostiene a partir de que el lector se identifique con “la gente”. Si la experiencia personal del lector –es decir, su modo de codificar la propia experiencia– fuera contradictoria con la que expresan los testimonios, el lector se sorprendería y quizá volvería sobre su lectura para descubrir las inconsistencias periodísticas que venimos de señalar. La condición engañosa del texto sólo se sostiene si se articula con la visión de la realidad que el lector trae consigo. En todo caso, “la gente”, de la que a menudo hablan los medios y en la que siempre piensan al construir su mensaje, no es una elaboración caprichosa o tendenciosa: es el público específico de ese medio. A ese público se dirige el mensaje engañoso, bajo el principio de que sólo se engaña quien quiere ser engañado.

La nota que hemos desmontado se publicó hace más de trece años. ¿Ha cambiado el periodismo desde entonces? Seguramente, pero no en cuanto al hecho de que las instituciones periodísticas –a diferencia de los anónimos productores de noticias falsas en redes sociales– están limitadas para mentir en forma directa, ya que deben atender a requisitos de credibilidad a lo largo del tiempo. Nuestro análisis no se dirige a un período ni a un medio en particular. Procuramos desmontar críticamente un procedimiento utilizado por medios de prensa, sobre la base de un uso distorsionado de las técnicas periodísticas, para garantizar la eficacia de mensajes engañosos.

Reanimación de la noticia (subtít.)

Por último, podemos hacer el ejercicio de reordenar la nota de Clarín, de acuerdo con las prácticas reconocidas en periodismo, en función del valor de noticiabilidad de las informaciones que la componen:

Título: La cantidad de delitos en Capital Federal bajó un 5 por ciento el año pasado.

Bajada: Hubo 10.000 delitos menos. Las muertes o lesiones en ocasión de robo bajaron de 118 a 29. Esta mejoría se vincula con la acción policial sobre los desarmaderos clandestinos de autos. En algunos barrios, sin embargo, los delitos aumentaron. Y crecieron las denuncias por violación.

Si se reordena de igual modo el cuerpo de la nota, los datos sobre cantidad absoluta de delitos, descenso de las muertes y acción sobre los desarmaderos deberían ir en el primer o segundo párrafo.

La producción podría completarse mediante fuentes calificadas para analizar en qué consistió la acción sobre los desarmaderos que permitió hacer descender el delito y qué factores o intereses podían tender a que esa acción eficaz se detuviera, como efectivamente sucedió.