Asociación Nacional de Periodistas del Perú (ANP)

 

 

 

 

 

Este 21 de julio la ANP ha cumplido 89 años de vida institucional. 89 años defendiendo a los trabajadores periodistas. 89 años promoviendo la libertad de expresión. 89 años formando a los periodistas para un mejor ejercicio periodístico, han sido décadas de intensa actividad gremial en defensa de la libertad de expresión y los derechos laborales de las y los periodistas.

Quizás lo que mejor expresa el espíritu gremial de la ANP son sus lemas. Llevamos 89 años diciendo que "La información es un derecho del pueblo", "La democracia peligra si sólo se escucha la voz de los poderosos" y "La peor opinión es el silencio".

 

Las actividades organizadas para recordar la fecha fundacional fueron con una romería al Cementerio Presbítero Maestro; una Sesión del Comité Ejecutivo Nacional; un Karaoke de la Prensa; Enlace con las 104 asociaciones provinciales de la ANP; una Misa de Acción de Gracias; una Conferencia Magistral, sobre los desafíos del Periodismo en un entorno digital cargo del Dr. Jorge Rodriguez, catedrático de la Universidad Católica San Jorge de Zaragoza, España. Concluyo con una fiesta del periodismo, poesía de Vallejo y por Vanessa Urquia Chavez; Pisco, Cata de pisco puro, acholado, quebranta, mosto verde y moscatel y la infaltable Jarana Criolla.

 

La Asociación Nacional de Periodistas del Perú fue fundada el 21 de julio de 1928 por iniciativa de redactores, reporteros, articulistas, fotógrafos y dibujantes, cuando la sociedad de entonces se transformaba rápidamente, por efecto de nuevas ideas y acciones sociales y políticas más cercanas a la realidad peruana, constituyéndose en la matriz histórica del movimiento organizado de los trabajadores periodistas.

 

es organizadas para recordar nuestra fecha fundacional#89añosANP #Periodistasla primera junta directiva estuvo integrada por una presidencia colegiada, integrada por Germán Lazarte Lira, de "La Prensa", Fernando A. Franco, de "La Crónica", y Armando Herrera, de "El Tiempo", Tomás  Manrique ocupó el cargo de Secretario General; Humberto Alván, Secretario de Actas, Benjamín Romero, Tesorero, Isaías Rivera, Pro Tesorero, Humberto Castro, Bibliotecario; Director de Actuaciones, Suiberto C. Torres; Director de la Revista, Luis Alberto Sánchez; Víctor Higinio, Mario Mendizábal, Antenor Escudero, Moisés Vargas Marzal, Juan Marcos Serraín y Carlos Víctor Chávez Sánchez, Vocales.

 

El 11 de agosto de 1928, el Ministerio de Fomento consideró de interés nacional la existencia de la ANP. Dijo “Es un acontecimiento en la vida del país”, antes de proceder a la firma de la Resolución Ministerial que la reconocía oficialmente y le daba personería jurídica.

El periodismo es imprescindible para la convivencia en una sociedad libre, para el equilibrio de poder necesario en una democracia. Sin el periodismo desaparecería la crítica ordenada, y sin la crítica caeríamos en el imperio de la arbitrariedad y el miedo. Los abusos de poder no son monopolio de los regímenes autoritarios; se dan también en las democracias, y aunque el periodismo independiente no los puede evitar, la denuncia de esos abusos cumple en sí misma una función extraordinariamente valiosa.


La prensa ha cometido muchos errores; eso es indudable. Aunque la prensa ha sido un componente esencial de las democracias liberales desde su nacimiento, también es cierto que, sobre todo en las últimas décadas, el periodismo ha vivido en ocasiones en un pedestal de éxito, se ha separado en exceso de la sociedad a la que se dirigía y ha utilizado de forma algo arrogante el enorme poder del que ha gozado.

Esa arrogancia es muy visible hoy en algunos entornos dominados por periodistas que pontifican, toman partido y dan lecciones de moral en cualquier plató, a todas las horas del día y sobre cualquier asunto que se tercie. Pero el problema principal al que hacemos frente hoy es el intento de eliminación del periodismo, es la sustitución del periodismo por lo que ahora se llama “el relato”, es la sustitución del esfuerzo serio, profesional de la enumeración de los hechos, por la imposición de una narración creada al gusto del consumidor.

A este fenómeno se le ha llamado de distintas formas. La más difundida últimamente es la de pos verdad. La pos verdad se corresponde con el nacimiento de una era en la que la verdad, como todo, es relativo y todo depende del cristal ideológico con el que se mire y el propósito que se busque con su difusión.

 

La pos verdad es peor que la mentira, en el sentido de que la mentira puede llegar a descubrirse, pero la pos verdad es incuestionable en la medida en que no necesita ser corroborada con hechos. Los responsables de comunicación de la Casa Blanca le han llamado también “hechos alternativos”, como si lo ocurrido se pudiera manipular como plastilina para darle la forma que más convenga a los intereses que se defienden. Tradicionalmente, a todo esto se le ha llamado así: manipulación. Y la función de la moderna pos verdad es la misma que la de la vieja manipulación: impedir que los ciudadanos estén bien informados, que conozcan la verdad, que sean auténticamente libres.

Estamos, pues, ante un fenómeno, que lejos de ser anecdótico o pasajero, tiene una gran profundidad. Como advierte Timothy Snyder: “Abandonar los hechos es renunciar a la libertad. La pos verdad es el pre fascismo”. Estamos, probablemente, ante la mayor amenaza que existe contra las democracias en estos momentos. Porque la negación de los hechos, la manipulación de los hechos o la creación de relatos que satisfacen los prejuicios y el sectarismo no es una actividad inocente, tiene un propósito que siempre está ligado con el control del poder.

 

Eliminada la función crítica de la prensa se puede deformar la realidad al capricho del consumidor. Exagerar los problemas, torcer los datos y prometer soluciones fáciles y paraísos inexistentes. Vivimos tiempos en que lo emocional lo invade todo, lo justifica todo. Yo “siento” que las cosas van mal, luego van mal. Yo “creo” que las cosas ocurrieron así, luego ocurrieron así. Es la demagogia del “todas las opiniones merecen respeto”, ya sea la de un profesional como la de un iletrado. Tanto vale mi impresión como una estadística. Tanto vale una emoción como un dato.

 

En parte esto se debe al desgaste de las instituciones, de todas las instituciones, por culpas propias y ajenas. En parte esto se debe al desprestigio de la autoridad, de toda autoridad. Es lo que Moisés Naím llama “el fin del poder”. Hay muchos ángulos positivos de este deterioro del poder en su concepción tradicional. El mundo se ha democratizado extraordinariamente. La iniciativa individual, el emprendimiento, la solidaridad encuentran hoy canales muy accesibles por los que desarrollarse. Google, Facebook… la revolución tecnológica nos ha permitido saber más, saberlo antes, comunicarnos mejor, más rápidamente. Viajamos más, conocemos a más gente, tenemos acceso a más puntos de vista.

 

Junto a la magnífica erupción de oportunidades, la revolución tecnológica ha traído también una proliferación de nichos ideológicos, de sectarismo que actúa como caldo de cultivo del odio, la xenofobia y el racismo. Desgraciadamente, es muy frecuente que los usuarios de las redes sociales no las usen para acceder al extraordinario mundo de conocimiento que ofrecen, sino para interactuar entre el reducido círculo de los que son como yo, de forma que los prejuicios se retroalimentan y adquieren categoría de doctrina incuestionable.

Algo similar ocurre con muchas de las páginas web, blogs y confidenciales que circulan en nuestro entorno. Como periodista, entiendo como una oportunidad magnífica la de poder poner en marcha un periódico sin apenas recursos económicos y una tecnología básica y al alcance de cualquiera.

 

No hay duda de que todos tenemos que felicitarnos de las enormes posibilidades de pluralismo que esto representa. Pero también tenemos que admitir que muchos de esos confidenciales se han convertido en armas de destrucción de los rivales políticos o económicos, en propagadores de rumores, medias verdades o rotundas mentiras con propósitos espurios.

Bienvenidos sean los nuevos medios, bienvenidos sean al periodismo todos aquellos que puedan contribuir a la diversidad y al pluralismo. Pero, bienvenidos al periodismo, con sus normas y sus reglas y su código deontológico, no a la selva de demagogia y calumnias en la que algunos están convirtiendo el panorama de la información.

El periodismo no solo no está muerto sino que se encuentra ante un gran momento y una gran oportunidad. Pero el buen periodismo es caro, muy caro. Contar bien una historia exige desplazarse hasta el lugar de los hechos, hablar con una diversidad de fuentes que frecuentemente no quieren hablar, corroborar los datos obtenidos, someterlos a una edición rigurosa. Cumplir con ese deber es más necesario que nunca, pero también es más difícil que nunca.

 

La amenaza a la libertad de expresión y al periodismo de calidad no se produce en sí mismo por las nuevas tecnologías. El periodismo de calidad y la libertad de expresión están amenazados porque algunos políticos han descubierto que quizá la nueva política se puede hacer mejor y con mucho más éxito sin periodismo exigente. Y porque algunos políticos prefieren periódicos que les den razón y no los sometan a la investigación y la crítica.

Antonio Caño/ elpais.com

 

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