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Los 100 años de Raúl Acosta

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Jorge Rendón Vásquez

MARZO2019

 

 

En junio de 1950, el pueblo de Arequipa se levantó contra la dictadura de Manuel A. Odría que había osado masacrar a los alumnos del Colegio Nacional de la Independencia. La Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa declaró entonces una huelga indefinida que paralizó a Arequipa. El pueblo de los vecindarios replicó a las balas de los soldados con las pocas armas incautadas a los soldados.

 


 

Raúl Acosta Salas

“Pasadas las ocho de la noche, los delegados de los sindicatos afiliados a la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa (FDTA), comenzaron a llenar la amplia sala del segundo piso del edificio El Ateneo, en cuyos bajos funcionaba la biblioteca municipal. Habían invitado a los miembros de la junta directiva de la Unión Sindical Obrera de Arequipa (USOA), una central minoritaria de simpatías apristas, cuyo dirigente más notorio era su Secretario de Defensa, Santiago Paredes Soto, de la fábrica La Victoria.

Tras la larga mesa se ubicaron Guillermo Torreblanca, ferroviario, Secretario General de la FDTA; Eduardo Flores Mamani, artesano, Secretario de Defensa; Mariano Bejarano, electricista, Secretario de Organización; Héctor Salas, empleado, Presidente de la Federación de Empleados del Comercio e Industria de Arequipa (FECIA), afiliada a la FDTA, Raúl Acosta Salas, Secretario General del Sindicato de Obreros Gráficos, Bernardo Linares Fajardo, Secretario General del Sindicato de Trabajadores en Construcción Civil y otros miembros de juntas directivas de sindicatos locales, todos ellos comunistas.

  • Compañeros, vamos a comenzar —dijo Guillermo Torreblanca, cuando casi todos los delegados y los invitados estuvieron presentes.

Pidió la palabra Eduardo Flores Mamani.

  • Compañeros —dijo—, creo que no hay lugar para los discursos, porque los hechos hablan por sí mismos. Los miembros de la junta directiva de la FDTA hemos conversado sobre lo ocurrido hoy en la ciudad y hemos decidido proponer como moción una huelga general indefinida a partir de las cero horas hasta que el Prefecto renuncie y se obtenga del Gobierno el compromiso de sancionar a los responsables del ataque a los alumnos del Colegio de la Independencia y de la masacre de esta tarde. No es el momento de plantear nuestras reivindicaciones laborales, aunque tenemos mucho que reclamar. Como todo el pueblo arequipeño, del cual somos una parte mayoritaria, estamos indignados; más aún, estamos horrorizados ante la actitud prepotente y matonezca de la dictadura. La enfrentaremos en las calles con lo que podamos, haciendo un frente común de lucha.

A este discurso siguieron algunos murmullos de aprobación. Raúl Acosta Salas, tomó la palabra.
 

  • Sí, compañeros —dijo—, ha llegado la hora de la acción y nos batiremos para hacer retroceder a la dictadura. Apoyo la moción de huelga general y propongo que la aprobemos por aclamación.

  • Se va a poner a votación la propuesta —dijo Guillermo Torreblanca.

Los delegados se pusieron de pie, casi todos con los puños en alto. Héctor Salas se levantó en seguida y dijo con la calma que le era habitual:

  • De hoy a mañana la situación puede empeorar, porque la dictadura podría continuar ensañándose con el pueblo. Frente a ello, propongo se autorice a las juntas directivas de la FDTA y la USOA para adoptar las decisiones que sean necesarias.

  • A consideración de los delegados la propuesta del compañero Héctor... No hay oposición... queda aprobada.

Torreblanca, Bejarano, Flores y Salas conversaron en voz baja un instante, y luego Flores pidió la palabra.

  • Es recomendable, compañeros, mantener el control de la situación en nuestras áreas respectivas. Pero, para que haya unidad de comando de nuestras acciones con los demás grupos de la población, proponemos la constitución de un Comité Popular, asistido por un Comité de Acción, conformado por delegados de nuestras centrales sindicales.

Varios delegados apoyaron esta idea que Guillermo Torreblanca puso al voto y fue aprobada. Ambos comités fueron constituidos de inmediato.

 

Luego de ello la asamblea terminó.

 

Sin bullicio y con la convicción de vivir momentos muy graves, los delegados abandonaron el local en pequeños grupos, perdiéndose en las frías y desiertas calles, apenas iluminadas por las luces eléctricas de las esquinas.

“De esos combatientes del pueblo, rescatados del olvido por algunos cronistas de aquellas jornadas, el poeta Luis Nieto diría en su libro “Sonatas en tono de silencio”:

 

«—Dime, si no tienes armas,

¿con qué pelearás, hermano?

—Aquí está como una bomba

mi corazón en la mano.»”


 
 

Raúl Acosta, fue un activo y constante luchador por las mejores causas del movimiento sindical arequipeño y del socialismo en el país. Nació el 1ro de abril de 1919, en Arequipa y falleció el 23 de junio de 2010, en Lima. Hijo de un trabajador minero y una madre dedicada a la artesanía, fue el quinto hermano de un hogar proletario. Obrero gráfico desde su juventud se vinculó tempranamente con el movimiento sindical y político de su ciudad natal junto con sus hermanos Jorge y Luis. Por esos días el movimiento obrero en Arequipa era bastante fuerte y contaba con un partido comunista de valiosos cuadros como Augusto Chávez Bedoya, Juan Casapía, Jorge del Prado, Ricardo del Carpio Rosado, José Domingo y Adela Montesinos, Eduardo Flores, Jacinto Liendo, Teodoro Azpilcueta, Moisés Butrón, Guillermo Torreblanca, Teodoro Núñez Ureta, Vicente Salas, Carlos de la Riva, Juan Miranda, Augusto Salazar (el pato) Carlos y Segundo Núñez Valdivia, Enrique Zapater y otros cuadros revolucionarios con quienes participó en recordadas acciones de lucha.

Junto con Guillermo Torreblanca, Acosta participó como delegado de los trabajadores en la Junta Provisional de Gobierno en el levantamiento popular de Arequipa de Junio de 1950; en diciembre de ese año fue elegido secretario de prensa en la directiva fundacional de la Federación Departamental de Trabajadores de Arequipa (FDTA). El 15 de setiembre de 1952 fue secuestrado por la dictadura militar del general Odría y trasladado a Lima, los trabajadores de Arequipa protagonizaron el primer gran paro político del Perú exigiendo su libertad. Se lo llevaron por comunista y por comunista lo regresaron; el 23 de diciembre de 1955 participó activamente en el paro general que exigía la salida del ministro de gobierno y policía de la dictadura militar de Odría. En 1957 concurrió junto a Emiliano Huamantica, al IV Congreso de la Federación Sindical Mundial (FSM) en Leipzig, Suiza, y luego en el 40 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Moscú. En 1960 el gobierno de Manuel Prado proscribió al Partido Comunista Peruano y en diciembre lo detuvieron, nuevamente. El 3 de setiembre de 1962, en el IV Congreso, el PC lo eligió como su Secretario General. En enero de 1963 lo confinaron en la prisión de El Sepa en plena selva y en el mes de febrero lo llevaron a El Frontón. El 18 de junio de 1978 fue elegido representante del PCP a la Asamblea Constituyente.


Raúl Acosta Salas expresa la firmeza, disciplina y entrega a la causa del proletariado y el socialismo, ideales de los cuales nunca claudicó pese a las persecuciones, cárceles, torturas y toda clase de vicisitudes a las que fue sometido por crueles e implacables dictadores.
 

 

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